Parabenos en cosmética, cuáles evitar


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En los últimos años el número de personas que prefieren optar por productos más naturales ha aumentado enormemente, y no solo en lo que a la alimentación se refiere. Cada vez es mayor el volumen de mujeres, y de hombres, a quienes no les importa invertir una cantidad de dinero más elevada si eso les brinda la tranquilidad de utilizar únicamente productos elaborados con ingredientes cien por cien naturales, orgánicos, bio o ecológicos, y en los que no se hayan utilizado ningún tipo de sustancia o compuesto químico sobre cuya seguridad puedan existir algunas dudas, aún cuando su uso se permita en la industria.

Y como ocurre con los alimentos, en el sector de la cosmética también ocurre lo mismo. No todos los productos de belleza tienen por qué ser buenos para la piel, pero es cierto que algunos son mejores que otros. En un mundo en el que cada vez tendemos a ser mucho más conscientes de lo que comemos, no es extraño que estemos igual de conscientes de los diferentes ingredientes que contienen muchos de los productos utilizados para el cuidado de nuestra piel, y qué es, verdaderamente, lo que nos ponemos cada día en nuestra cara.

Pero, ¿qué ingredientes son realmente buenos, y cuáles no? Evidentemente, no es necesario ni preciso ser un experto dermatólogo para saberlo. Y cualquiera que se preocupe sobre qué productos utiliza sobre su piel, es común que reconozca uno de los nombres, quizá, más destacados, populares y conocidos de esta lista: los parabenos.

Parabenos

¿Qué son realmente los parabenos?

Los parabenos son sustancias de origen químico que, a menudo, son utilizados como conservantes en la industria de la cosmética y belleza, lo que en definitiva ayuda a la hora de proporcionar a los productos una vida útil muchísimo más larga. De hecho, no solo se agregan a los cosméticos para prevenir el crecimiento de bacterias dañinas, sino también a determinados alimentos, con el fin de evitar la formación de moho.

Fueron introducidos por primera vez en la década de 1950. Y, desde entonces, son muchos los productos de salud y de belleza en los que se utilizan, con el objetivo final no solo de alargar la vida útil del mismo, sino de asegurarse que, durante el período recomendado y aconsejado de uso, no crezcan moho ni bacterias en su interior. De esta forma, es común que los productos que los contienen puedan durar meses, o incluso años.

Así, hoy en día es muy común encontrarlos en una amplísima diversidad de productos, como champús, cremas, lociones, sueros e incluso pastas dentales. Es más, básicamente podríamos decir que casi todos los productos cosméticos contienen este tipo de sustancia

Aún cuando se vienen utilizando desde hace más de 60 años, es verdaderamente ahora cuando los investigadores están empezando a estudiar acerca de si el uso de este tipo de conservantes en concreto es total y verdaderamente seguro. Sin embargo, al menos por el momento, no existe evidencia concluyente, de forma que la mayor parte de las autoridades sanitarias de los diferentes países, como por ejemplo es el caso del Comité Científico de Seguridad de los Consumidores, órgano independiente de la Comisión Europea, o la Administración de Drogas y Alimentos de los Estados Unidos (FDA), continúan permitiendo su uso en diferentes productos.

Es más, la conocida como Cosmetic Ingredient Review (Revisión de Ingredientes Cosméticos, CIR), en asociación con la FDA americana, concluyó que estas sustancias serían seguros para su uso en cosméticos, debido fundamentalmente a sus excelentes propiedades conservantes antimicrobianas.

Desafortunadamente, si te preocupa su inclusión en los productos de belleza que utilizas habitualmente, no solo se trata de buscar aquellos envases en cuyo etiquetado se exponga la frase “contiene parabenos”. Al contrario, también es posible encontrarlo bajo otros diferentes nombres, como: metilparabeno, propilparabeno, etilparabeno y butilparabeno.

En el caso particular del metilparabeno, además, también podemos encontrarlo bajo otros nombres alternativos (y efectivamente permitidos), como sería el caso del Ácido 4-hidroximetil éster benzoico, o 4-hidroxibenzoato de metilo.

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¿Por qué se cree que los parabenos son malos para la salud?

Desgraciadamente, al menos por el momento, no existe una respuesta directa y simple. De ahí que nos encontremos ante un debate que dura décadas.

En este sentido, un estudio británico publicado en el año 2004 encontró rastros de un total de cinco parabenos distintos en el tejido mamario de 19 de cada 20 mujeres estudiadas. 

Concretamente, en muestras de tejido de cáncer de mama. No obstante, si bien es cierto que el estudio no demostró que puedan causar cáncer, por lo que no pudo demostrar de manera concluyente un vínculo entre el uso de este tipo de conservantes y un riesgo mayor de cáncer, sí demostró que pueden atravesar la barrera de la piel, penetrando en ella y permaneciendo en el interior del tejido.

De acuerdo a esta misma investigación, por el momento una de las principales preocupaciones tiene especial relación con la posibilidad de que puedan causar alteraciones endocrinas, interrumpiendo la función hormonal al imitar el estrógeno, y que esto finalmente pueda estar relacionado con el cáncer de mama. 

O, lo que es lo mismo, se sabe que demasiada cantidad de estrógenos puede desencadenar un aumento en la división celular de las mamas, y el crecimiento de tumores, de ahí que el uso de estas sustancias se haya relacionado con el cáncer de mama, así como otros problemas reproductivos.

Y este es uno de los motivos principales por lo que algunos estudiosos se encuentran alarmados. Especialmente si se tiene en cuenta que hasta un 70 por ciento de los cánceres de mama y de seno expresan el receptor de estrógeno, existe la preocupación entre la comunidad médica y científica de que los parabenos puedan acabar, a largo plazo, contribuyendo al desarrollo de este tipo de tumores.

¿Y qué significa que se podría producir una alteración endocrina? Básicamente una alteración endocrina consiste en una alteración de la función normal de nuestro sistema hormonal, el cual impulsa todas las funciones del cuerpo. Así, cualquier tipo de alteración o interrupción de la función hormonal de nuestro cuerpo puede acabar alterando el desarrollo, el crecimiento o la reproducción.

En un estudio publicado en el año 2011, los investigadores también detectaron la presencia de estas sustancias en la leche materna, la sangre, la orina e incluso el líquido seminal, lo que confirmaría la sospecha de que, efectivamente, sí pueden penetrar en la piel y permanecer en el interior de determinados tejidos. Aún cuando, eso sí, no exista por el momento una relacion clara entre éstos y cáncer.

Un poco más tarde, en otro estudio publicado en el año 2015, mostró que podrían ser incluso más dañinos de lo que se pensaba en un primer momento, especialmente cuando se combinan con otras moléculas.

No obstante, los resultados de estos estudios son ampliamente debatidos por el resto de la comunidad científica. Es más, la propia Sociedad Americana del Cáncer, señala que por el momento los estudios no han mostrado ningún vínculo directo entre tales sustancias y problemas de salud, incluyendo el cáncer de mama. Lo mismo ocurre con la FDA americana, quienes indican que no tienen información que demuestre verdaderamente que tengan un efecto en la salud humana.

De hecho, lejos de que puedan o no influir en la formación del cáncer, sí que continúa existiendo cierta preocupación en torno a los efectos que pueden tener en el cuerpo, y más concretamente con problemas reproductivos asociados a la infertilidad.

En el año 2002, por ejemplo, se publicó un estudio en el que se vinculaba a su utilización cotidiana en distintos productos comunes, de uso regular en nuestro día a día, con una disminución de la motilidad espermática, y un bajo conteo en el volumen de espermatozoides.

Posibles reacciones alérgicas

Además de las posibles dudas que puedan existir acerca de la verdadera seguridad del uso de los diferentes productos que contienen parabenos, en el caso concreto del metilparabeno, algunas personas han reportado reacciones alérgicas, como dermatitis de contacto, que es un tipo de dermatitis que ocurre cuando la piel presenta una reacción alérgica a algo con lo que entra en contacto. En la mayoría de las ocasiones, ésta suele aparecer en forma de erupción, de repente, y posteriormente desaparece por sí sola.

Dermatitis

Las erupciones que se forman también pueden incluir otros síntomas relacionados, como por ejemplo podría ser el caso de piel seca o reseca y escamosa, picor y enrojecimiento, sensibilidad, ardor o hinchazón y la formación de ampollas.

Como ya te hemos comentado, el metilparabeno es un tipo de parabeno, que se utiliza ampliamente en una variedad grande de productos cosméticos, entre los que podemos mencionar productos para el cuidado del cabello, cremas hidratantes, productos de afeitar, productos de maquillaje y algunos desodorantes.

Tipos de parabenos que podemos encontrar en los productos cosméticos y de belleza

Como ya te hemos comentado, los cosméticos suelen contener una mezcla o combinación de diferentes tipos. Hasta el momento, existen un total de seis de los tipos más utilizados, que son: etil-, metil-, propil-, butil-, isopropil- e isobutilpatabeno.

En el caso de los conocidos como parabenos de cadena más corta, entre los que nos encontramos con el metiloparabeno y etiloparabeno, comúnmente tienden a ser utilizados en combinación, mientras que, a menudo, el butilparabeno se utiliza solo.

Los parabenos de cadena más larga, el butiloparabeno y el propiloparabeno, se han relacionado con una actividad estrogénica más elevada, cuya estructura ramificada aumentaría no solo la actividad estrogénica, sino la potencia de sensibilización.

Si no son tan seguros, ¿por qué no han sido prohibidos?

Es probable que en algún que otro momento te hayas hecho esta pregunta. Pero todo se reduce a algo muy sencillo: si bien es cierto que puedan existir determinadas preocupaciones relacionadas con el uso de estas sustancias, y su seguridad, ninguna investigación ha sido lo suficientemente concluyente como para convencer a las diferentes autoridades sanitarias pertinentes como para regular su uso. Aunque, dicho sea de paso, la propia Unión Europea sí limita su uso a una concentración mínima permitida.

De esta forma, la investigación científica que se ha publicado hasta el momento, a lo largo de los años, no muestra que pequeñas cantidades en diferentes productos cosméticos representen un riesgo significativo para la salud. 

En lo que se refiere a las preocupaciones existentes acerca de la alteración endocrina y los efectos que puedan tener en el cuerpo, los estudios mostrarían que los efectos dañinos se realizan típicamente en concentraciones elevadas en el laboratorio, y son aplicados directamente a las células en un plato -in vitro- en lugar de en la piel. No obstante, esto no significa que la comunidad científica deba ignorar los resultados, lo que significaría que los resultados muestran que este tipo de ingredientes están causando daño que valdría la pena investigar más profundamente.

Los efectos ambientales del uso de parabenos

¿Sabías que estos conservantes también están relacionados con el daño ecológico? Los bajos niveles de butilparabeno pueden dañar los corales, de acuerdo a distintas pruebas de laboratorio publicadas hace algunos años.

También se han detectado en aguas superficiales, sedimentos y peces. Mientras que, cuando los parabenos se combinan con agua corriente clorada, se pueden formar distintos subproductos clorados. No obstante, por el momento no se sabe nada con certeza acerca de la toxicidad de estos subproductos.

Entonces, ¿deberíamos dejar de usar productos que contengan parabenos?

Aunque algunas marcas de belleza estén eliminándolos de la composición de sus productos, esto no significa necesariamente que en realidad pueda suponer un riesgo para la salud continuar utilizando los que sí los contienen. Y es que existen muchas razones por las que una determinada marca puede optar por eliminarlos de su línea de productos, como por ejemplo podría ser el caso de ofrecer una respuesta directa a la demanda o el deseo de los consumidores.

Es decir, si cada vez es mayor el número de personas que prefieren utilizar productos libres de conservantes, entre los que se incluyen los parabenos, es normal que las marcas actúen y respondan ante esta demanda.

Es fundamental tener en cuenta que el porcentaje de este tipo de ingredientes u otros conservantes que encontramos en una determinada formulación tiende a ser, por lo general, muy pequeño. Es más, actualmente se estima que, en los cosméticos, se utilizan en una pequeña cantidad. Después de que surgieran distintas preocupaciones acerca de su seguridad, el Comité Científico de Seguridad de los Consumidores de la Unión Europea, compuesto por expertos independientes, llegaron a la conclusión de que los parabenos eran seguros para su uso en productos cosméticos, siempre y cuando se utilizaran en las siguientes concentraciones:

  • Metilparabeno: 0.4 por ciento
  • Etilparabeno: 0.4 por ciento
  • Butilparabeno + Propilparabeno: 0.19 por ciento
  • Concentración total de parabenos (es decir, una combinación de éstos): 0.8 por ciento

Estas son las concentraciones máximas permitidas. De hecho, en la práctica, en realidad es poco probable que un determinado producto de belleza o cosmético (como sería el caso del maquillaje) contenga más del 0.5 por ciento de este conservante en su composición, por lo que, además, estaría muy por debajo del límite de seguridad establecido en el 0,8 por ciento. De ahí que se considere su uso como seguro.

En el caso particular del metil y propilparabenos se utilizan únicamente en la cantidad mínima requerida con el fin de mantener ciertos productos frescos, y solo donde son verdaderamente necesarios, en productos como cremas, que poseen un elevado contenido de agua.

A pesar de ello, hoy en día los fabricantes están creando conservantes nuevos y efectivos, por lo que en la actualidad existen muchas más opciones disponibles.

Por otro lado, otros estudios científicos han llegado a demostrar que la cantidad de este tipo de conservantes usados en productos para el cuidado de la piel o el cabello verdaderamente no penetran tan profundamente en la piel, dado que nuestros cuerpos incluso los descomponen con muchísima facilidad a través de distintas enzimas, excretándolos a través de la orina.

Sería el caso, por ejemplo, del metilparabeno, el cual no se acumula en el organismo, puesto que el cuerpo es capaz de eliminar este químico con bastante rapidez

Por otro lado, algunas autoridades sanitarias los tienden a enumerar como un “peligro para la salud, de bajo a moderado”, pero únicamente por las reacciones alérgicas que podrían producirse, y por el uso de aquellos productos que excedan del nivel recomendado. Sin embargo, son claros al indicar que el riesgo de que puedan causar cáncer, o algún tipo de toxicidad reproductiva, sería del 0 por ciento.

Actualmente no existe una recomendación o precaución oficial contra el uso de productos que los contengan, aunque todavía se continúan llevando a cabo estudios científicos para analizar sus posibles efectos, sobre todo a largo plazo.

Esto evidentemente puede convertirse en un problema para la mayoría de los consumidores preocupados por la seguridad de los distintos productos, cosméticos o no, que utilizan con regularidad en su día a día. ¿Qué hacer como consumidores?

De todas formas, los conservantes son necesarios, lo que deja tanto a las empresas como a los consumidores que deseen evitar su uso a buscar algunas alternativas. Por ejemplo, existen alternativas naturales como el extracto de té verde, eucalipto, semilla de uva y lavanda, que pueden ser de enorme utilidad, aunque es cierto que no existe la solución ideal que se pueda adaptar, de forma efectiva, a todos los tipos de piel.

Dado que la seguridad microbiana es importantísima, el uso de conservantes es siempre útil para asegurar al consumidor que el uso de ese determinado producto es siempre seguro para la salud. Y, dependiendo de las propiedades de cada fórmula, se pueden utilizar una amplia variedad de conservantes naturales o sintéticos.

También es importante tener en cuenta algo fundamental: “natural” no significa necesariamente que un determinado producto sea “bueno”. Por ejemplo, existen muchísimos químicos, que encontramos de forma totalmente natural (y que, por tanto, deberían ser entendidos como tales), que no deberíamos nunca aplicar o frotar sobre nuestra piel.

Como ocurre con muchos otros compuestos y sustancias químicas, si te preocupa el uso de productos que puedan contenerlos, lo ideal es evitarlos y no utilizarlos. Una buena opción es elegir productos “sin parabenos”, que en su etiquetado especifiquen claramente que no contienen parabenos o cualquiera de sus otras formas: metilparabeno, propilparabeno, etilparabeno, butilparabeno, 4-hidroximetil éster benzoico, o 4-hidroxibenzoato de metilo.

Es más, dado que no se ha encontrado que sean verdaderamente dañinos para la salud, los propios legisladores de la Unión Europea están tratando de frenar el uso del término “libre de parabenos” en el etiquetado de los productos cosméticos y de belleza, así como en el marketing, para que no se estigmatice a aquellas marcas que sí continúan utilizándolos.

Eso sí, su ausencia no califica automáticamente que un producto sea seguro. En muchos casos, este tipo de conservantes podrían ser reemplazados por algo igualmente peligroso, o incluso más peligroso en algunos casos. Por lo tanto, la clave no está en fijarse en las afirmaciones que podamos encontrar en el envase de un determinado producto, sino observar de forma detenida los ingredientes que se han utilizado en su formación/elaboración.

Alternativas a los parabenos

¿Cuáles son las verdaderas alternativas?

Si quieres ir a lo seguro, la realidad es que, hoy en día, existen un buen número de productos sin parabenos. Pero si prefieres no cometer el error de utilizar un determinado producto creyendo que no los contengan (cuando la realidad podría llegar a ser muy diferente), es fundamental revisar siempre la etiqueta de ingredientes para estar del todo seguro/a en este sentido.

Lo cierto es que este tipo de sustancias son fáciles de detectar gracias a que se incluyen sus nombres químicos completos en el etiquetado de los productos que se han utilizado en su formación como conservantes, por lo que siempre los encontraremos acabando bajo el término de “parabenos”.

Eso sí, dado que los parabenos son verdaderamente efectivos para alargar la vida útil de un determinado producto en cuestión, en el caso de los productos orgánicos y naturales -libres de parabenos- es esencial vigilar la fecha de caducidad, que podremos observar impreso en la botella o en el envase en sí del producto, o bien como un símbolo con un número que indicará el período durante el cuál se podrá utilizar después de su apertura. Así, en caso de que un producto haya pasado de fecha, lo mejor es tirarlo y no continuar utilizándolo.



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