Mejora tu trading así: Parte 1: Indefensión aprendida


En este vídeo miraremos juntos detrás del telón para entender qué está pasando en realidad con tu esfuerzo y tu trabajo, y en el próximo vídeo trazaremos el plan de trabajo que necesitas si quieres darle la vuelta a tus resultados de una vez y para siempre.

Comencemos pues por el principio: ¿qué está pasando realmente? ¿por qué no avanzas de forma decidida, inequívoca y constante? ¿Cómo es que puedes haber tenido éxito en otras áreas de tu vida pero no lo tienes como trader, al menos no en la dimensión que deseas?

O a lo mejor lo puedes mirar de otra forma, tal vez puedes preguntarte, ¿qué haces para ser consistente en tu falta de resultados? ¿cómo logras fracasar una y otra vez, permanecer encallado, dar pasos atrás? ¿Es el mercado, o eres tú? ¿Es esta actividad que escapa a todos tus intentos, o eres tú que aún no has comprendido “algo”?

Ves otros operadores de éxito, tienes evidencias de que esto es posible, sabes que tus resultados serían los opuestos si en vez de decidir vender, hubieras decidido comprar, si en vez de salir ahí hubieras aguantado, si en vez de aguantar hubieras salido. Tú has tomado estas decisiones, todas, ¿A quién vas a culpar? Y cuando no quede nadie ni nada dónde esconderte. ¿Entonces qué harás, qué inventarías, qué te explicarías?

Atiende por un momento a esa frustración, vas a hacerlo una vez más, analizamos con atención, aplicas tus modelos, identificas tus oportunidades, seleccionas tu riesgo, apuntas y disparas, y pierdes. Primero son operaciones, después es la confianza, finalmente es la salud, la cordura, el ánimo.

Cuando lo intentas de una forma y no lo logras, lo intentas de la forma contraria y tampoco lo consigues ¿qué está sucediendo? Si operas breakouts y pierdes, operas giros y pierdes, operas con indicadores y pierdes, pero también pierdes por acción del precio, si sigues los modelos de los traders institucionales y también pierdes ¿qué te queda?

La visión de la consistencia, de una operativa que puedas sostener, que puedas escalar, mantiene tu empeño. Tal vez al principio, cuando apenas sabías, podrías tener una visión “desajustada” del tipo de esfuerzo que ibas a necesitar. No sospechabas que se trataba de algo realmente exigente, te sobraba confianza, pero el tiempo ha pasado y has perdido esa inocencia. Ya no eres ese iluso, pero tampoco te basta con estar dispuesto a hacer lo necesario. Has hecho ese paco. Te has dicho que estás dispuesto a hacer lo que haga falta, solamente con que supieras qué es eso que necesita ser hecho.

Si alguien te guiase, si te dijera: “Ahora por aquí, ahora por allá, haz esto de esta manera exacta” Te has formado, has leído, ves vídeos, prácticas, comprendes, analizas tus entradas, Cuando consigues la suficiente confianza te das una nueva oportunidad y te animas, te dices que esta vez será distinto, tiene que serlo, estás probando algo nuevo, algo que puede ser eso que te falta, y en cambio la realidad te golpea en la cara una vez más. Cuando crees que ya lo tienes, no lo tienes, cuando confías en que esta vez será la definitiva terminas desolado, ¿Pero por qué? No puede ser tan difícil, no estás construyendo un satélite, ni inventando nada asombroso: estás analizando un mercado que puede ir en dos putas direcciones, o irá en una o irá en la otra. 

Lo que sucede se llama indefensión aprendida. Tu mente está viviendo algo muy parecido a lo que siente una persona deprimida: haga lo que haga pierde.

El modelo de la indefensión aprendida de Martin Seligman, nos dice que si ponemos a un animal en una situación dolorosa de la que no pueda escapar, su cuerpo segregará la misma sopa de neurotransmisores que segregará una persona deprimida.

Un científico sádico encierra a un perro cualquiera en una jaula y en nombre de la ciencia se dedica a electrificar el suelo de la mitad de la jaula a la vez que hace sonar un pito. El perro siente los calambres y escapa moviéndose a la parte de la jaula que no está electrificada. El dolor le enseña rápidamente dónde debe situarse para no sufrir las descargas, y en el momento en que ya entiende que al pito le seguirá el dolor, el científico cambia su experimento y pasa de electrificar la mitad de la jaula a electrificar toda. Haga lo que haga el perro sufrirá la descarga, y eso le “enseñará” rápidamente que no hace falta que haga nada. No pude huir. No puede escapar. No hay salida. Primero la había, pero ya no la hay. Su esfuerzo es inútil, el dolor es inevitable, entonces ¿para qué hacer nada? Mejor quedarse quieto y esperar a que llegue la descarga. Esa pasividad, esa resignación son muy tentadoras.

Aprendes un nuevo modelo pero no ganas, cambias de mercado y sigues perdiendo, vas a una nueva escuela y no te sirve, sigues un nuevo canal y tus resultados permanecen en la mediocridad. Y al principio reagrupar tus fuerzas y te dispones nuevamente a la lucha. Te pones de pie como ese perro, y te dices que encontrarás la parte de la jaula en la que no hay descarga, ¿pero cuánto más dolor estás dispuesto a soportar antes de que tu voluntad se quiebre?

El destino final de este perro es la resignación, el abandono, la pasividad, ¿cuál es tu destino si sigues sufriendo las mismas derrotas? ¿hasta cuando aguantaré? 

Esa visión tan clara acerca de tus posibilidades, esa confianza inicial en tus logros, se emborrona tras cada pérdida ¿cuanto más dinero vas a dilapidar? ¿Cuanto más tiempo, esfuerzo e ilusiones? ¿Y si no hay salida para ti? ¿cuanto falta para que renuncies del todo?

La clave está, si me lo permites, en comprender quién te pone en esa situación: tu no eres el perro, amigo, eres el científico sádico. Tu no eres la víctima aquí, eres el verdugo. 

Crees que estás moviéndote de un lado al otro de la jaula, que lo has probado todo y que, por más que lo intentes no evitas la descarga: un modelo nuevo, un paquete de indicadores distinto, y una nueva escuela, son el mismo juego de siempre.

Estás creando la ilusión de movimiento cuando en realidad no te mueves. Estás haciéndote creer que pruebas mil cosas cuando pruebas la misma cosa mil veces. Te hipnotizas confundiendo el envoltorio con el caramelo.  Es el mismo caramelo aunque lleve un papel más brillante.

Debes enfocarte en el proceso, o mejor dicho, en los procesos. Tus resultados no dependen de tu sistema, ni de tus indicadores, del mercado o del tipo de gráfico, eso son envoltorios. Tus resultados dependen única y exclusivamente de los procesos que sigues, y ahora mismo, y tal vez durante toda tu carrera como trader, esos procesos son ineficaces y no te valen.

Debes ver eso y cambiarlo. Debes seguir un procedimiento ganador. Debes dedicar a eso tu energía. La puerta de la jaula está abierta. Siempre lo ha estado.

En el próximo vídeo estableceremos los cuatro procesos que necesitas instaurar para cambiar radicalmente tus resultados.



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