LOS CINCO BUCLES EMOCIONALES DEL TRADER


Pablo ha sido un profesional de éxito toda su vida, centrado, motivado, responsable, esforzado, ha destacado en los proyectos que ha emprendido. Brillante como estudiante y aplaudido como profesional, comenzó a explorar el trading durante la pandemia. 

Apalancándose en sus puntos fuertes puso empeño y voluntad para averiguar si podría lograr una actividad profesional complementaria o incluso sustitutoria.

Rápidamente, se dio cuenta de que la actividad que se proponía, era sumamente interesante pero tremendamente exigente. 

Cuanto más se esforzaba, más se frustraba porque los resultados que anticipa no llegaban conforme a lo que había previsto. Y no es que tuviera la “necesidad” de conseguirlo, sino más bien el firme deseo de probarse a sí mismo en esa actividad.

Se decía que, si había tenido éxito en otros ambiciosos proyectos, debía tenerlo también como operador ¿no?

El reto al que se estaba enfrentando lo sumía en un bucle de frustración, los resultados se retrasaban lo que le producía una cierta ansiedad. Eso le generaba noches de insomnio. La falta de descanso acrecentaba su mal humor y afectaba a su nivel de desempeño, lo que redunda en una mayor dificultad para seguir progresando e incrementar su frustración.

Acumular frustración tras frustración le hacía sentir quemado. Repasar gráficos, hacer backtesting, trabajar sobre sus entradas y sobre sí mismo, sin ver un progreso directo le hacía acumular un cierto resentimiento, lo que desembocaba en menos autocontrol.

A más frustración menos capacidad de manejar sus impulsos, menos disciplina, paciencia y sosegamiento. Las decisiones meditadas, ponderadas, estudiadas, daban paso a impulsos, improvisaciones y sobreactuaciones.

La capacidad de actuar a favor de su mejor interés disminuía, tomaba peores decisiones, aumentaba el riesgo, pasaba por alto información relevante, lo que se convertía en peores resultados y aumentaba a su vez la sensación de frustración, y le hacía sentir mal consigo mismo y con su desempeño.

Este bucle de ansiedad, donde su incapacidad para controlar sus impulsos le llevaba a un descontrol emocional, le estresa cada vez más alejándose de su objetivo.

El proyecto de convertirse en un operador capaz se veía cada vez más lejos. Su deseo de ser competente aumentaba a medida que era consciente del potencial económico y de libertad del trading, pero también aumentaba su frustración al ver que no era capaz de lograr ni el tipo de resultado que necesitaba, ni el tipo de autocontrol y disciplina necesarios.

Después de esforzarse con tesón, de realizar ajustes en su pauta de estudio y formación, e incluso de tomarse un tiempo alejado de las pantallas para reflexionar, Pablo fue capaz de mitigar un poco el estrés, pero claro, alejarse un poco del problema, y posponer su objetivo había disminuido su motivación inicial.

Normalmente Pablo se sumergía a fondo en los retos que abrazaba y eso le hacía destacar tanto como estudiante como a nivel profesional. Ahora, a nivel subconsciente, estaba alejándose del proyecto de convertirse en trader porque asociaba frustración a sus recientes fracasos. Entonces, en vez de trabajar a fondo sobre el sistema y mejorar su capacidad de ejecutarlo con disciplina, se descubría navegando por foros, buscando nuevas técnicas y modelos, y jugando con indicadores, mercados alternativos y formas de representar el precio.

Este bucle de postergación, la tendencia a alejarse de lo verdaderamente relevante, para ocuparse de cosas menores, le hacía sentir culpable, afectaba su autoconcepto y la imagen que siempre había tenido de sí mismo, lo que activaba nuevamente esa espiral de ansiedad y ese sentimiento de culpa le llevaba a sentirse más y más quemado.

Entonces Pablo se enganchaba a la distracción. Era su válvula de escape. La forma como se alejaba de la cadena de emociones negativas, muchas veces durante las propias sesiones de operativa y análisis, en las que se descubría escapando tras la siguiente noticia, vídeo o post de instagram. Y estas distracciones traían consigo más distracciones. Cuanta más basura digital le daba a su mente, más basura digital anhelaba. Con el móvil a mano y las redes sociales activas saltaba de un estímulo al siguiente manteniendo a su mente en un estado permanente de distracción. Lo que disminuye su capacidad de concentración y afectaba su memoria a corto plazo llevándolo incluso a pasar por alto aspectos fundamentales de su operativa. El efecto directo de todo esto era una gran dificultad para progresar en su aprendizaje.

Este bucle de distracción digital se reforzaba a sí mismo y comenzaba a pasar desapercibido, llegando a ser un comportamiento natural e irreflexivo que era incapaz de romper a pesar del efecto pernicioso que tenía en su desempeño. Habiendo perdido la capacidad de controlarse a sí mismo caía rápidamente bajo el efecto de los otros bucles perniciosos.

En ese estado ya no podía considerarse un estudiante modelo o un profesional competente, sino más bien un estudiante mediocre y un profesional gris.

Si Pablo permanece en este estado el tiempo suficiente su desempeño caerá en picado.

Los bucles emocionales que nos afectan son:

  • El bucle de la frustración
  • El bucle de la ansiedad
  • El bucle de la distracción
  • El bucle de la procrastinación
  • El bucle de la quemazón

Su interacción primaria es la siguiente:

Nuestras habilidades personales para la gestión de problemas y nuestra capacidad de autoorganizarse deberían estar al nuestro servicio cuando afrontamos un reto, un problema o una dificultad, pero resulta que la magnitud de nuestros desafíos puede suprimir estas habilidades.

Has sido capaz de organizarse para afrontar otros proyectos, y has encontrado recursos para gestionar otros desafíos, pero ahora estás buscando la consistencia como trader y parece que te enfrentas a un muro de hormigón.

En ese momento aumentan nuestras emociones negativas como el estrés, lo que afecta a nuestra capacidad para gestionar nuestro reto, lo que a su vez induce más emociones negativas sumiéndose en el bucle de la frustración: nos sentimos abrumados ante el reto de ser consistentes, lo que nos hace sentir mal, lo que nos lleva a afrontar el reto con mayor dificultad, lo que nos hace sentir peor. Una cosa refuerza la otra que a su vez empeora la anterior.

Si permanecemos en ese bucle de la frustración podemos activar el bucle de la ansiedad donde afectamos a nuestra fuerza de voluntad. La capacidad de nuestro lóbulo prefrontal para gestionar retos, para planificar y para elegir a favor de nuestro mejor interés, disminuirá, lo que a su vez nos generará más y más ansiedad.

Encadenar pérdidas, o ganar durante un periodo y luego devolveré al mercado nuestras ganancias, genera ansiedad lo que afecta nuestro buen juicio. Tomamos peores decisiones, estamos dispuestos a saltarnos las reglas, a improvisar, a dejar a un lado lo que nos da estructura.

Si mantenemos el bucle de la frustración y el bucle de la ansiedad terminaremos activando el bucle de la quemazón donde nos iremos sintiendo peor y peor. Ya no te gusta el reto, ya no lo vives como un desafío interesante, sino más bien como algo desagradable que quieres evitar. El trading te está comenzando a quemar. Lo que comenzó como algo divertido y desafiante se convierte en algo desagradable.

La dificultad del reto también induce la fatiga, te cansas, y te agotas, lo que a su vez afecta a tu capacidad de gestionar tu voluntad y actuar a favor de tu mejor interés. Duermes peor, lo que hace que estés más irritado pero también vacía tus reservas de autocontrol.

Si sigues agotando tu voluntad entrarás en bancarrota: ya no tienes capacidad para actuar a favor de tu mejor interés. Has disminuido tu capacidad de controlarte, de generar perspectiva y de planificar adecuadamente, y te costará prever la consecuencia de tus decisiones. Desde ese estado saldarás a perseguir el precio en escenarios mal definidos, aumentarás el riesgo, moverás tus stops, improvisarás y sentirás que quieres operar sin un trading plan cerrado, no registrarás tus operaciones, no analizarás tu trabajo.

Ese estado induce la distracción como escape, lo que a su vez suprimirá tus habilidades para solucionar problemas. Si permaneces distraído afectarás directamente a tus resultados. Este es el bucle de la distracción: no te queda capacidad de autocontrol y caes fácilmente ante cualquier estímulo externo. Quieres ver un vídeo, hacer una llamada, o contestar un email cuando deberías estar pendiente de la acción del precio, tomando notas o registrando estos sentimientos en tu diario emocional.

Pero eso no es todo: también te sentirás empujado a dejar para más adelante la gestión de tu reto. Ya no tienes voluntad para hacer lo correcto así que pospones las cosas para otro momento. Este es el bucle de la Procrastinación.

Estos cinco bucles emocionales son muy perniciosos porque interactúan entre ellos, se refuerzan y hacen que la situación vaya empeorando más y más. En el ejemplo de Pablo llega un momento en el que el reto de convertirse en un operador consistente es una pesadilla, su autoimagen se ve afectada, vive en un estado de frustración y ansiedad permanentes, descansa mal por las noches, come peor, con una fuerza de voluntad disminuida pierde rápidamente el foco y deja a un lado su mejor interés. Improvisa en un intento desesperado de salir de ahí, lo que como trader no es un camino aceptable. Su falta de resultados le hace sentir cada vez peor y finalmente quiere abandonar, pero ya ha invertido tanto que el sesgo de coste hundido le mantiene al timón como un pollo sin cabeza.

Comprender cómo funciona nuestra mente, el papel de nuestras emociones, y porqué nos sentimos como nos sentimos, es el primer paso para poder tomar las medidas necesarias.

Ahora hemos expuesto estos cinco bucles emocionales y sus interacciones. Deseo que los tengas presentes, que veas cómo te han afectado y qué papel juegan en relación a tus retos.

En el próximo capítulo propondré estrategias específicas de gestión emocional y cognitiva para poder gestionarlos uno a uno, y recuperar con ello nuestro foco y la capacidad de actuar a favor de nuestro mejor interés, manejar las distracciones, nuestra motivación, autocontrol y capacidad de mantenernos centrados.



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