La mejor Rutina de Cuidado de la Piel a los 50 años


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A medida que vamos envejeciendo, son muy variados los factores, tanto internos como externos, que pueden acabar afectando a nuestra piel, en mayor o menor medida. Lo cierto es que, a la hora de evitar el envejecimiento prematuro, sí es fundamental mantener un estilo de vida lo más saludable y activo posible, cuidando la piel cada día, protegiéndola y nutriéndola, y sobre todo, evitando algunos hábitos que pueden afectarla tan negativamente.

Los cambios hormonales suelen ser uno de los principales “culpables” de la mayoría de los cambios que ocurren a esta edad. Dado que el estrógeno es una hormona esencial para la función “barrera” de la piel, y para la síntesis del colágeno, con la llegada de la menopausia sus niveles tienden a disminuir poco a poco, motivo por el cual la piel de la mujer a partir de los 50 años suele resecarse con mayor facilidad, como consecuencia de la falta de retención de la humedad. Y no solo eso, sino que también es tremendamente común que se vuelva sensible, enrojeciéndose e inflamándose con mayor asiduidad.

La mejor Rutina de Cuidado de la Piel a los 50 años

Como consecuencia de ello, es fundamental dejar de utilizar algunos productos de belleza, y cosméticos, aún cuando con anterioridad te funcionaran y no causaran ningún tipo de problema. Y es que, con el cambio de década también es habitual el cambio en la piel, por lo que algunos de estos productos pueden no ser ahora tan positivos como sí lo eran antaño, pudiendo ocasionar incluso un picor molesto, inflamación y enrojecimiento.

¿Lo mejor? Sin duda alguna seguir una rutina de cuidado de la piel especialmente pensada para aquellas mujeres -y hombres- que ya han cumplido los 50 años de edad. ¿Por qué? Muy sencillo: como opinan muchos expertos, en realidad con cada cambio de década también se hace necesario cambiar las rutinas de cuidado y belleza, puesto que la piel experimenta distintos cambios según van pasando los años. De manera que la rutina que seguíamos a comienzo de la década de los 30, no será la misma que la que seguíamos a los 45 años. Pero vayamos por partes.

¿Qué ocurre con la piel a los 50 años de edad?

Uno de los principales problemas, a partir de esta edad, son la pérdida de elasticidad natural de la piel, ocasionada por la pérdida de colágeno luego de la disminución de hormonas esenciales en este sentido, como el estrógeno. 

Los estrógenos son una hormona esencial para el organismo, que juegan un papel importantísimo en el cuerpo de la mujer, junto con la progesterona, tanto en su salud sexual como en la salud reproductiva femenina. Pero no son sus únicas funcione, dado que ayuda y contribuye a la salud de los huesos, a la función del sistema cardiovascular, y a la propia salud cognitiva, entre otros aspectos.

En el caso de la piel, se ha demostrado que ayudan a aumentar el colágeno y la elastina, así como la vascularización y el grosor de la ésta. A su vez, actúa modulando las metaloproteinasas, que bloquean la fragmentación de las diferentes fibras de colágeno, aumentando la visibilidad de los fibroblastos, mejorando el proceso natural de cicatrización y estimulando la proliferación adecuada de los queratinocitos.

Pero sus efectos en la piel no quedan ahí, dado que también estimulan el folículo piloso presente en el cuerpo cabelludo y actuan como antioxidantes, protegiendo tanto contra la inflamación como contra el estrés oxidativo.

Aunque los niveles de estrógeno tienden a variar de una mujer a otra, suelen fluctuar tanto durante el ciclo menstrual como durante la vida de la mujer, lo que puede tener cierta relación con los típicos cambios de humor que se producen habitualmente antes de la llegada de la menstruación. O, en la menopausia, con los tradicionales sofocos.

Debido a esa fluctuación, y sobre todo a la disminución de los estrógenos (de hecho, después de la menopausia aparece especialmente la estrona, una forma más débil de estrógeno y que el organismo puede convertir en otras formas de estrógeno según sea necesario), la piel se vuelve un poco más seca y sensible, de forma que suele ser más habitual que se irrite con mayor facilidad.

Estos cambios suelen hacerse más evidentes alrededor de la menopausia, cuando los niveles de ciertas hormonas disminuyen naturalmente. Pero no solo afectan a la piel: las pestañas y las cejas también pueden acabar adelgazándose.

Es más, se sabe que desde un punto de vista dermatológico y endocrino, el papel de los estrógenos es ciertamente esencial para el envejecimiento de la piel, al producirse cambios que afectan tanto a la síntesis como al mantenimiento de distintas estructuras de la piel. 

Se calcula que durante los primeros 5 años una vez ha comenzado la menopausia se produce alrededor de un 30 por ciento de pérdida de colágeno, lo que podría prevenirse con la ayuda de una terapia de reemplazo hormonal (en este caso, de reemplazo de estrógenos), que incluyen una terapia sistémica como píldoras o cápsulas, geles, parches, cremas o aerosoles.

Aunque no ha demostrado ser una terapia del todo eficaz después de estos primeros años, al menos en lo que se refiere a la aparición de arrugas, distintos estudios sí han mostrado un aumento de colágeno en la piel de mujeres menopáusicas tras someterse a la terapia.

De hecho, una investigación publicada en el año 2005 han mostrado que aquellas mujeres que siguen una terapia de reemplazo hormonal poseen una piel más joven, con menos flacidez y con una menor cantidad de arrugas. No obstante, los investigadores son claros en este sentido: se necesita llevar a cabo más investigación para evaluar el uso de esta terapia como un tratamiento antienvejecimiento. Es más, indican que en caso de que las mujeres no tengan síntomas menopáusicos problemáticos o intensos, como problemas para dormir con normalidad o los típicos sofocos, no deberían utilizar este tipo de terapias únicamente para obtener beneficios para la piel.

En caso de que se experimente perimenopausia (período de tiempo en el que el cuerpo produce la transición natural a la menopausia, considerándose así como la etapa previa a ésta), muchos dermatólogos plantean la posibilidad de considerar una terapia hormonal. Como te hemos comentado, son terapias en los que se prescriben determinados medicamentos que contienen hormonas femeninas -estrógeno solo, o estrógeno y progestina combinados-, ayudando a reemplazar los que el cuerpo ya no es capaz de producir por sí solo.

Otras personas, por ejemplo, toman hormonas bioidénticas, que poseen la misma estructura tanto molecular como química que las hormonas que de forma natural produce el cuerpo. 

Por otro lado, aún cuando el acné es a menudo considerado como un problema típicamente de adolescentes, que ocurre sobre todo a partir de la pubertad, durante la menopausia los niveles de estrógeno disminuyen a la vez que algunas hormonas andrógenas -como la testosterona- aumentan. Este desequilibrio conduce al desarrollo del acné, sobre todo en determinadas zonas de la cara, como alrededor de la mandíbula y la barbilla.

Dado que el estrógeno y la progesterona ayudan a regular la síntesis normal de melanina, cuando ambas hormonas disminuyen durante la menopausia, puede ocasionar hiperpigmentación, o manchas de la edad. De hecho, años de exposición al sol (y de daño solar continuo) finalmente acabarán saliendo a la superficie sin que los melanocitos produzcan una cantidad suficiente de melanina como para poder proteger la piel.

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Rutina para el cuidado de la piel a partir de los 50 años: guía paso a paso

Empezar a mantener, con cierta regularidad, una rutina de cuidado de la piel desde joven es siempre una buena idea, ya que la piel debe cuidarse y protegerte prácticamente desde la adolescencia. No obstante, a medida que vamos cumpliendo años, y vamos pasando de década en década, se hace necesario modificar la rutina, y en esta ocasión, empezar a cultivar una rutina de cuidado de la piel específica para los 50 años edad.

El objetivo en esta ocasión es el de seguir una rutina de cuidado de la piel que permita tratar los problemas de la piel y afecciones que se relacionan específicamente con la menopausia. Y la rutina persigue 4 objetivos básicos: hidratar, iluminar, reafirmar y proteger la piel ya envejecida. Toma nota

1. La importancia de utilizar un buen limpiador

Como hemos visto, lo esencial a partir de los 50 años de edad es proteger la barrera natural de la piel, y además intentar hacerlo al máximo que sea posible. Y es que cuanto más se seca la piel, más sensible se vuelve, y por tanto, más susceptible tiende a ser al daño.

Lo ideal es lavarla diariamente con un limpiador humectante de textura cremosa, especialmente concebido para pieles sensibles. Eso sí, como la piel ya está de por sí bastante deshidratada y seca, se deben evitar los limpiadores fuertes, escogiendo únicamente aquellos que sean suaves.

No en vano, como opinan muchos especialistas, lo ideal es usar un limpiador suave, dado que a esta edad la piel se vuelve mucho más sensible, a la vez que menos grasa. Una opción interesante podría ser optar por un limpiador que a la vez actúe como desmaquillante con cualidades antienvejecimiento, que contenga ácidos grasos esenciales útiles para proporcionar una hidratación extensiva.

El uso del limpiador es siempre fundamental. Aunque te hablamos también sobre él en un apartado próximo, debemos incidir principalmente en la utilización de un limpiador con ingredientes que ayudan a nutrir la piel, ya que ésta tiende a volverse mucho más delicada.

Una buena opción es escoger un limpiador específico para eliminar o retirar lo que se busca (como el maquillaje, las impurezas y el protector solar), pero que a su vez proporcione nutrientes beneficiosos.

¿Lo mejor? Usar un limpiador con consistencia de crema suave, que incluya algunos ingredientes naturales con cualidades hidratantes y calmantes, como por ejemplo podría ser el caso de la manzanilla.

2. Exfolia

Como veremos de forma detallada en un próximo apartado, es de vital importancia el uso de un exfoliante lo más suave posible, que no contenga una textura gruesa, para evitar que sea abrasivo con la piel más sensible y reseca.

Lo ideal es optar por un ácido exfoliante de buena cualidad, como por ejemplo podría ser el caso del ácido láctico o del ácido glicólico (o incluso, mejor aún, optar por exfoliantes que contengan ambos ingredientes en su composición, lo que ayudará sin duda alguna a aumentar sus cualidades).

Esto ayudará a que la piel se muestre mucho más fresca, promoviendo la luminosidad al dejar que los nutrientes salgan a la superficie de la piel, mejorando su oxigenación y reduciendo la apariencia tanto de las arrugas como de las líneas finas de expresión.

Durante esta época la exfoliación es igualmente esencial, aunque no es tan recomendable hacerlo tan a menudo. A esta edad, las células de la piel tienden a cambiar cada dos o tres meses aproximadamente, lo que hace que las células muertas de la piel tarden más en desprenderse.

Lo ideal es utilizar un exfoliante químico, como los alfa-hidroxiácidos (AHA), que son solubles en agua y proporcionan una exfoliación química progresiva en la superficie de la piel, al ayudar a descomponer la sustancia que mantiene las células muertas adheridas a las capas más externas de nuestra piel, por lo que mejoran la renovación celular en las capas más inferiores (destacan especialmente el ácido láctico y el ácido glicólico).

También destacan los beta-hidroxiácidos (BHA), que se diferencian de los anteriores en un átomo de carbono, por lo que son solubles en aceites. Son capaces de penetrar en la glándula sebácea, trabajando en el interior del poro con el fin de descomponer tanto el sebo como la suciedad que se acumula en el interior (el más común es el ácido salicílico).

O bien utilizar un exfoliante físico, como podría ser el caso de un exfoliante granulado. No obstante, mientras que el exfoliante químico es ideal para cualquier tipo de piel, el exfoliante físico puede no ser tan adecuado cuando tienes la piel sensible, ya que es demasiado agresivo.

3. Utiliza un suero y posteriormente una crema hidratante

Un suero o sérum es una fórmula que contiene una elevada concentración de activos, que ayudan a tratar distintos problemas de la piel. Por ejemplo, un mismo sérum puede ayudar a trabajar sobre las señales más sutiles del envejecimiento, como las manchas oscuras y las arrugas más finas de expresión. Y, a su vez, también pueden ayudar contra los parches de piel seca y las manchas oscuras.

Una vez has utilizado un limpiador con cualidades humectantes, pensado para pieles sensibles, es el momento de usar un suero rico en antioxidantes naturales, como por ejemplo podría ser el caso del resveratrol, el té verde o las vitaminas C o E.

Luego, una vez aplicado el suero, es el momento oportuno para utilizar una capa de tu humectante favorito, así como un protector solar de amplio espectro, con un FPS de al menos 30.

Cómo hacer mascarillas hidratantes ideales a partir de 50 años

Aunque puedes encontrar una enorme cantidad de diferentes mascarillas con cualidades hidratantes en muchas tiendas de belleza y cosmética, ¿sabías que también puedes aprender a hacerlas fácilmente en casa? Te explicamos algunas recetas simples y sencillas, que puedes elaborar con pocos ingredientes (todos, eso sí, cien por cien naturales):

  • Mascarilla hidratante de yogurt y jugo de limón. El ácido láctico presente de manera natural en el yogur proporciona suavidad e hidratación a la piel, mientras que el jugo de limón podría ayudar a aclarar las manchas oscuras propias de la edad. Para hacerlo necesitas 1 cucharada de yogurt, 1 cucharadita de jugo de limón y 1 cucharada de polvo de lavanda. 

4. …Y al finalizar el día: el tratamiento nocturno más adecuado

Por la noche el tratamiento nocturno es sumamente sencillo de seguir, a la par que muy simple: básicamente debes hidratar la piel y repararla. Para ello, lo más adecuado es utilizar una crema de noche rica en péptidos, o una crema o loción con retinol.

Eso sí, hay que tener cierto cuidado con las cremas que contengan retinoides recetados hidratantes, puesto que es común que el retinoide cause sequedad, lo que podría acabar aumentando el problema. Si esto ocurre, los expertos recomiendan mezclarlo con la crema de noche, o con cualquier otro humectante concebido para su aplicación nocturna. O, bien, utilizarlo únicamente dos o tres veces por semana, como mucho.

Las mascarillas faciales se convierten en una forma simple, fácil y sencilla de proporcionar a la rutina de cuidado de la piel una amplia diversidad de ingredientes activos. En este sentido, el uso regular de una mascarilla nocturna permite cosechar los beneficios de una tez lo más radiante y nutritiva posible mientras duermes, disfrutando así a la mañana siguiente de una piel mucho más iluminada y brillante, a la par que nutrida.

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Otros consejos útiles que te serán de ayuda

Opta por ingredientes que refuercen la barrera natural de la piel

Como te hemos comentado brevemente en las líneas anteriores, el estrógeno es uno de los principales “culpables” de que la piel tienda a cambiar tanto a medida que se va envejeciendo. Se trata, de hecho, de una hormona esencial para mantener el funcionamiento saludable de las células de la piel, e incluso puede ser enormemente útil a la hora de retrasar el envejecimiento -natural- de la piel.

Aunque esta hormona tiende a mantenerse en niveles más o menos normales a partir de la pubertad, lo cierto es que a partir de la menopausia suele caer en picado. Esto significa que la piel no es capaz de protegerse como lo hacía antes, mantener la hidratación o producir el colágeno de la forma que alguna vez sí podía hacerlo.

A ello se le une que la piel empieza a sufrir una pérdida de lípidos naturales, como colesterol, ácidos grasos y ceramidas, lo que al final acaba contribuyendo a la aparición de deshidratación, inflamación, enrojecimiento y una barrera de humedad absoluta y totalmente comprometida. Y lo que es aún peor: como señalan muchas mujeres, casi parece que la piel ha cambiado totalmente de la noche a la mañana, lo que puede hacer que la solución no sea tan sencilla, sobre todo si con anterioridad no se ha seguido una rutina de cuidado de la piel adecuado, que además sirva como preventivo.

En este sentido, lo más recomendable es optar por utilizar una crema rica en lípidos propios de la piel, lo que ayudará positivamente a la hora de preparar el cutis para el envejecimiento natural -y la disminución de hormonas esenciales como los estrógenos a la llegada de la menopausia-. Lo aconsejable, de hecho, es utilizarla al menos dos veces al día.

Rutina para cuidar la piel a los 50 años

Elige productos de cuidado y belleza a base de aceite

Lo cierto es que, a partir de los 50 años, los aceites son simplemente maravillosos, gracias a que proporcionan un aumento de la humedad, en caso de tener la piel seca o reseca no producen picor ni enrojecimiento, y pueden ser enormemente delicados para la piel sensible. Por tanto, desde limpiadores a serums, lo mejor es optar por aquellos productos a base de aceites.

Por otro lado, aún cuando llegues décadas manteniendo tu rutina de cuidado de la piel diariamente, o al menos de forma regular, ahora es especialmente importante humectar adecuadamente cada zona de la piel, para minimizar así al máximo tanto las arrugas como las líneas finas de expresión, que tienden a volverse poco a poco más visibles y evidentes.

Esto es debido principalmente a que las diferentes glándulas sebáceas pueden acabar volviéndose menos activas a medida que vamos cumpliendo años. Por lo que el uso de una crema facial más rica ayudará de forma enormemente positiva a la hora de atrapar el agua contra la piel, proporcionando una sensación de “relleno” a las grietas más profundas.

Además, recuerda algo esencial: no te olvides de aplicarte la crema hidratante también en el cuello y en la parte superior del torso. La piel del cuello, de hecho, es más delgada que el resto de la piel de la cara, por lo que suele mostrar los primeros síntomas del envejecimiento de forma mucho más rápida. Con el uso correcto de la crema hidratante, del humectante, y su aplicación regular en estas zonas, se conseguirá prevenir al máximo el envejecimiento más prematuro.

Exfolia tu piel solo con exfoliantes suaves

Entre los productos desaconsejados a partir de esta edad nos encontramos principalmente con los exfoliantes fuertes y con textura gruesa. El motivo es más que evidente: dado que la piel se ha vuelto mucho más sensible y delicada, utilizar este tipo de exfoliantes, aún cuando anteriormente eran útiles para pieles más jóvenes, ahora pueden acabar convirtiéndose en un auténtico problema, aumentando la sequedad y causando abrasión y enrojecimiento.

Por tanto, lo ideal es sustituirlos por un exfoliante suave con enzimas. Aplicado cada 15 días puede acabar convirtiéndose en una maravillosa rutina para el cuidado natural de la piel, puesto que evitará que las celulas muertas se acumulen en la piel, la obstruyan y terminen reduciendo el brillo natural de la misma. Por tanto, lo recomendable es elegir exfoliantes enzimáticos especialmente diseñados para su aplicación en pieles secas.

También los exfoliantes con partículas redondas pueden empezar a ser más adecuados a partir de los 45-50 años, ya que tiende a ser mucho menos irritante.

No obstante, respecto a la regularidad, si bien es cierto que cuando teníamos entre 20 y 35 años, lo aconsejable era exfoliarnos la piel 2 o 3 veces a la semana, como mucho, ahora lo ideal es hacerlo regularmente, cada semana. Es decir, una vez por semana.

Gracias a ello, cada 28 días se creará una nueva capa de la piel mucho más luminosa y brillante. Pero cuidado. Este proceso natural puede ralentizarse según vayamos cumpliendo años, lo que da como resultado un cutis con parches ásperos y ligeramente secos, y con un aspecto más opaco.

Por tanto, es recomendable exfoliarte la piel semanalmente, para conseguir así un cutis mucho más brillante.

Utiliza un protector solar, siempre

Es aconsejable utilizar productos con al menos un 7 por ciento de óxido de zinc, y un SPF de al menos 30, o superior, con protección UVB y UVA. Lo ideal es utilizarlo diariamente, siempre que se vaya a salir a la calle, y renovar el protector solar en las zonas de la piel expuestas al sol, al menos cada dos horas.

Como ya te hemos mencionado en algún que otro momento, no hay nada peor para el manteniendo de una buena salud cutánea que el daño provocado por el sol, puesto que puede terminar ocasionando cambios como un tono de piel desigular y la aparición de las temidas arrugas finas.

También es fundamental revisar tu piel con frecuencia para detectar la posible existencia de cáncer de piel. Así, en caso de observar cambios preocupantes, lo ideal es acudir a la consulta del dermatólogo cuanto antes. Recuerda que las personas mayores, de piel clara, presentan un riesgo más elevado de cáncer de piel, de manera que es imprescindible hacerse una revisión anual.

El cuidado de los ojos y de los labios

Si no lo has hecho antes, a partir de ahora es imprescindible prestarle atención a determinadas áreas de la cara a las que, quizá, anteriormente no lo hacías tanto: la zona de los ojos y de los labios.

Por ejemplo, la piel situada alrededor de los ojos se caracteriza por ser mucho más delicada y delgada. Además, durante la menopausia lo más común es que se vuelva aún más pronunciada, siendo tremendamente común que empiecen a formarse (si no lo han hecho ya) tanto ojeras como bolsas debajo de los ojos.

Lo ideal en este aspecto es buscar una crema para los ojos que proporcione un cortorno de ojos más joven, al ayudar a eliminar la piel hundida, las ojeras y las patas de gallo.

En el caso de los labios, ¿sabías que también esta piel es más delicada y delgada que la del resto de la cara? 

Comienza a utilizar retinoides

Como hemos visto, especialmente a partir de la menopausia, lo más habitual es que con el paso del tiempo la piel comience a perder colágeno. Esta pérdida es aún mayor cuando se producen las fluctuaciones hormonales típicas de esta etapa, lo que hace que, además, se tienda a perder una mayor cantidad. Esto ocasiona que la piel se vuelva aún más arrugada.

Como opinan los expertos, la mejor línea de defensa contra la pérdida de colágeno (lo que ocurre de forma total y absolutamente natural, todo hay que decirlo), es el uso de un retinoide, la versión tópica de la vitamina A, pero para cuyo uso es necesaria la debida receta médica de manos del dermatólogo.

Incluso algunos especialistas recomiendan a sus pacientes a partir de los 35 años de edad a utilizar retinoides para el envejecimiento, especialmente porque es sobre esta edad cuando el proceso natural de envejecimiento suele acelerarse ligeramente. En este sentido, recomiendan una aplicación máxima de 2 a 3 veces por semana, sobre todo por la noche, hasta que la piel se acostumbre.

Aunque para usar dosis más elevadas es necesaria la prescripción médica, las formas más suaves de cremas son retinoides se pueden adquirir fácilmente en farmacias y en tiendas de belleza. Eso sí, hay que tener cierto cuidado: no se aconseja el uso de retinoides conjuntamente con el peróxido de benzoilo, un medicamento utilizado habitualmente con el fin de tratar los brotes de acné, ya que podría oxidar algunos retinoides, haciendo que al final terminen siendo menos efectivos.

Consume alimentos con cualidades probióticas

Como posiblemente sepas ya a estas alturas de la vida, para mantener una piel sana y saludable no solo es necesario cuidarla externamente, sino también internamente, y la mejor forma de hacerlo es escogiendo una alimentación nutritiva, saludable y adecuada.

A medida que el estrógeno, y los lípidos, comienzan a descender naturalmente, el pH de la piel comienza a subir, especialmente a medida que se va avanzando en años y llegamos a los 60 años de edad. A partir de entonces, la capa más externa de la piel, que normalmente tiende a ser un poco ácida, se vuelve más alcalina, exacerbando la sequedad, aumentando la sensibilidad y debilitando aún más si cabe la “barrera” de humedad.

No obstante, se ha demostrado que tanto los probióticos como aquellas cremas tópicas que producen moléculas ácidas, como por ejemplo podría ser el caso de los ácidos grasos, pueden ser muy útiles para restaurar el pH de la piel, lo que se traduce en que podría retener mejor la humedad, mostrándose así más brillante y flexible.

Además, los probióticos también pueden neutralizar la acción negativa de los radicales libres, calmando la inflamación para así proteger tanto la producción natural de elastina como de colágeno.

¿Y cuáles son las mejores opciones? Tomar un suplemento diario rico en bifidobacterias y lactobacilos, o bien, optar por alimentos fermentados, entre los que destacan principalmente el kéfir y el yogur, los cuales además proporcionarán más beneficios y nutrientes esenciales (y no solo cualidades únicamente probióticas).

Considera el uso de suplementos

Además de cuidar tu alimentación, y optar por ejemplo por un mayor consumo de determinados alimentos, como es el caso de los alimentos probióticos, también puede ser de mucha utilidad optar por algunos suplementos nutritivos que proporcionan, desde el interior, excelentes cualidades para el cuidado de la piel.

Los ácidos grasos omega-3, además de ser tremendamente beneficiosos para nuestra salud cardiovascular, también pueden ayudar a que la piel se mantenga húmeda durante un mayor período de tiempo, e incluso son capaces de retrasar el proceso de maduración natural de la piel, al prevenir las arrugas.

Encontramos omega-3 de forma natural en determinados pescados grasos, entre los que destaca principalmente el salmón, al igual que también ciertos mariscos. No obstante, si no consumes pescados o derivados, puedes optar por probar el aceite de pescado (que podrás encontrar en forma de cápsulas en el herbolario), o bien optar por suplementos aptos para veganos, como el aceite de linaza.

Consumidos con regularidad ayudarán a mantener la piel muchísimo más flexible, gracias a que reponen los lípidos -o aceites- de la piel, los cuales tienden a disminuir normalmente con el paso del tiempo, a medida que vamos cumpliendo años. Además, si sufres del acné del adulto, también actúa como un antiinflamatorio, por lo que es simplemente excelente.

No te olvides de la piel de las manos

Cualquier rutina de cuidado de la piel que se precie, especialmente si está bien diseñada, no debe olvidarse nunca de otra parte del cuerpo fundamental: el cuidado de las manos. De hecho, lo más habitual es olvidarnos de ellas, a pesar de ser uno de los lugares donde es común empezar a ver las primeras señales del envejecimiento.

Lo recomendable es incorporar a la rutina de cuidado de la piel una buena crema de manos, utilizándola incluso aunque la piel no se haya vuelto seca. También puede ser interesante seguir un tratamiento de manos dos veces por semana, lo que ayudará a mantenerlas lo más suaves posible. 

Dado que es muy habitual que la piel de las manos también se torne seca, sobre todo en determinadas épocas o momentos del año (como el invierno), lo recomendable es utilizar una crema de manos hidratante nutritiva, que contenga manteca de karité, la cual proporciona humedad y colágeno, reduciendo las manchas oscuras.

Como hemos visto a lo largo de la presente nota, quizá pienses que el envejecimiento natural de la piel se convierte en la principal -y única- preocupación con la que tienes que lidiar una vez hayas alcanzado los 50 años de edad. Pero, lejos de lo que puedas suponer en un primer momento, la realidad es que también es imprescindible ocuparse de las diferentes etapas relacionadas directamente con la menopausia, lo que significa ayudar a la piel activamente a la hora de compensar los cambios hormonales -y las fluctuaciones- más severas.

Si lo deseas, es sumamente recomendable consultar con un dermatólogo y con un profesional médico que te pueda proporcionar el apoyo y la información que necesitas a la hora de hacer frente a los diferentes cambios tanto fisiológicos como psicológicos que experimentarás en esta nueva e importante etapa de la vida.

Así, tan pronto como descubras cuáles son las mejores formas de cuidar tu piel -y tu salud en general- durante la perimenopausia, la propia menopausia en sí, y finalmente la posmenopausia, te sentirás muchísimo mejor.



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