Diferencias entre sérum y crema


La mayoría de expertos de belleza coinciden en señalar que, una buena rutina de cuidado de la piel, debe ser tan buena como los diferentes productos que utilizamos regularmente en ella. Si bien es cierto que los productos de buena calidad pueden ser de enorme ayuda a la hora de conseguir que la piel se vea no solo más rejuvenecida y saludable ahora, sino también en el futuro, tanto los productos de baja calidad como una rutina mal planificada -o incorrecta- puede acabar arruinando cualquier esfuerzo por mejorarla y cuidarla. 

De hecho, mantener un adecuado cuidado de la piel es simplemente fundamental por diferentes razones. Por ejemplo, es especialmente útil para ayudar a que la piel se mantenga en buenas condiciones, al eliminar células de la piel muertas que se han podido ir acumulando a lo largo del día, ayudar a prevenir el acné y a tratar las líneas finas de expresión y las arrugas. También es útil para conseguir que la piel se vuelva más rejuvenecida y joven, dado que a medida que envejecemos, las diferentes células de la piel pierden la capacidad de renovarse tan rápidamente como lo hacían antes, por lo que acaban haciéndolo más lentamente. ¿Resultado? La piel acaba volviéndose más opaca, y por tanto, mucho menos radiante.

Diferencias entre sérum y crema

Además, siempre es mejor prevenir que curar, especialmente en todo lo relacionado con el cuidado de la piel, puesto que prevenir los problemas cutáneos siempre tiende a ser más simple, fácil y sencillo que tratar de solucionarlos en el futuro (además, dicho sea de paso, por lo general tenderá a ser mucho menos costoso). Además, nos encontramos con uno de los últimos beneficios, aunque no por ello menos importante: ganaremos confianza en nosotros mismos, ya que dado que la piel se verá mejor, también nos sentiremos bien y tendremos más confianza.

Pero, ¿por dónde deberíamos empezar exactamente? Es cierto que existen una serie de componentes básicos que pueden acabar siendo de enorme utilidad a la hora de crear una buena, adecuada y efectiva rutina de cuidado de la piel. En este sentido, el limpiador se convierte en una opción esencial, destacando de hecho por ser uno de los primeros pasos. Es esencial, si tenemos la piel seca, escoger un limpiador que no contenga alcohol, mientras que si nuestra piel es grasa, lo aconsejable es optar por un limpiador sin aceite. A no ser que utilicemos agua micelar (en la que no es necesario llevar a cabo ningún tipo de aclarado), siempre es adecuado enjuagarse luego con agua tibia, dejando la piel ligeramente para el siguiente paso.

Ahora le toca el turno al tónico, un producto útil para utilizar siempre después de lavarnos y limpiarnos la cara, y que es de enorme utilidad por tener una consistencia ligera verdaderamente liviana, ideal para suavizar y calmar la piel, a la vez que restauramos los nutrientes perdidos a lo largo del día. 

Luego llega el momento del sérum facial, un producto que si bien es cierto no es indispensable, sí puede acabar siendo de mucha ayuda a la hora de abordar problemas específicos (como arrugas, manchas de la edad, enrojecimiento, acné o piel sensible, entre otros), gracias a que contienen una elevadísima concentración de diferentes ingredientes activos, y sirve para completar al máximo cualquier rutina de cuidado de la piel. Eso sí, se trata de un producto útil pero que suele dejar algunas dudas comunes, ya que una de sus principales funciones es la de humectar ligeramente la piel, e hidratarla muy suavemente. Lo que puede hacer que nos realicemos la siguiente pregunta: ¿puede un sérum sustituir a una crema hidratante? Y en caso de no ser así, ¿cuáles son sus principales diferencias, y por qué deberíamos usar una u otra opción, o ambas?

¿Y después del sérum facial? Le llega el turno a la crema hidratante, las cuales son esenciales incluso aunque tengamos la piel grasa. Efectivamente, hasta las pieles más grasas necesitan un aporte adicional o extra de humedad, aunque en estos casos lo más recomendable es optar por un producto libre de aceite, o en forma de gel.

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¿Qué es el sérum facial? ¿Y la crema hidratante?

Antes de indagar acerca de cuáles son algunas de sus diferencias principales, es tan necesario como imprescindible conocer qué son y en qué consisten. Aunque, si deseas ampliar esta información de manera más detallada, te aconsejamos leer nuestro artículo especial sobre Qué es y para qué sirve el sérum.

Como ya te hemos explicado en distintos momentos, un sérum facial es un producto típicamente transparente o translúcido que contiene una serie de nutrientes o ingredientes activos específicos presentes en una elevada concentración. Además, suelen estar hechos de moléculas de pequeño tamaño, lo que permite un nivel más profundo de absorción, además de una penetración en la piel mucho más rápida. Son especialmente útiles a la hora de abordar un problema o afección específico de la piel. Por este motivo, es habitual encontrarnos en el mercado con sérums faciales de todo tipo, desde sérums antioxidantes a antienvejecimiento, pasando por hidratantes, aclarantes, protectores o nutritivos.

La mayoría de los sérums son a base de agua, lo que les confiere precisamente esa consistencia liviana y ligera habitual, además de su apariencia translúcida o transparente tan características. Aunque, es cierto, también algunos sérums son elaborados con base de aceite, lo que puede hacer que los confundamos con aceites faciales (sobre este pequeño detalle te hablaremos más detenidamente en un futuro apartado). No obstante, dependiendo de cuál es el ingrediente base del suero facial, el momento en que lo integremos en nuestra rutina de cuidado de la piel tenderá a diferir un poco. Así, mientras que si el sérum es a base de agua lo ideal es aplicarlo siempre después del limpiador y del tónico, pero antes de la crema hidratante (por sus pequeñas moléculas, lo que favorece su penetración y absorción), si contiene aceite lo adecuado es ponértelo sobre la piel después de la crema hidratante (dado que sus moléculas serán ligeramente más grandes).

En el caso de la crema hidratante, sin embargo, consiste en una preparación cosmética útil para proteger, hidratar y lubricar la piel, ayudando a prevenir la sequedad de la piel, a la vez que protege las pieles más sensibles, mejorando el tono y la textura, y ayudará a enmascarar algunos problemas relacionados con las imperfecciones. Para ello, en su composición nos encontramos con una serie de ingredientes útiles para nutrir la piel mientras que su textura y consistencia es de enorme utilidad a la hora de conseguir humectar la piel, reteniendo la humedad en la superficie y en su interior. Si utilizamos una crema hidratante diariamente (de hecho, se trata de uno de los productos indispensables e insustituibles en cualquier régimen de belleza o rutina de cuidado de la piel que se precie), conseguiremos no solo hidratar la piel, sino que prevendremos la formación de líneas finas de expresión y arrugas (que suelen aparecer a consecuencia de la deshidratación, entre otros factores), reduciremos las manchas y parches secos, y disfrutaremos de una piel más clara, suave, brillante y lisa.

Pero no solo en su composición y consistencia encontramos algunas diferencias palpables entre ambas clases de productos, tal y como descubriremos en el apartado correspondiente. También lo distinguimos en su composición, y especialmente, en cómo actúan y funcionan sobre la piel.

No te pierdas: Cómo aplicar el sérum

Cómo funcionan las cremas hidratantes y los sérums faciales

Las cremas hidratantes actúan rehidratando la capa superior de las células de la piel, ayudando a que se sellen con agua. Se convierte, de hecho, en una de las mejores opciones y formas a la hora de tratar todos los problemas y síntomas más molestos relacionados con la piel seca. De esta forma, su aplicación sobre la piel del rostro actuará aumentando el nivel de humedad de la capa más externa de la epidermis, evitando que la piel se seque. Y, además, si la crema hidratante cuenta a su vez con factor de protección solar, también la protegerá de la acción nociva de los rayos ultravioleta (en resumidas cuentas, del daño solar, previniendo con ello el fotoenvejecimiento prematuro).

Debemos tener en cuenta que el estrato córneo se encuentra especialmente formado por células de grasa, piel y aceite, los cuales bloquean la humedad naturalmente presente en la piel. En este sentido, la crema hidratante también altera ese equilibrio natural, ayudando a la piel a retener mejor el agua, manteniéndola debida y adecuadamente hidratada. Y es que, como ya te hemos comentado en varios momentos, una crema hidratante es tan esencial como necesaria para cualquier tipo de piel, incluyendo las pieles secas y también las grasas.

Todo ello debido principalmente a la consistencia más pesada de la crema hidratante, lo que hace que se quede en la superficie con la finalidad de retener la humedad e hidratar activamente, pero sin penetrar tanto.

Por otro lado, debido a la consistencia liviana y ligera de los sérums faciales, y sobre todo porque están elaborados habitualmente con moléculas de pequeñísimo tamaño, es común que éstos sean capaces de penetrar más profundamente en las diferentes capas de la piel, de manera que casi podríamos decir que se trata de un producto ideal para el cuidado de la piel porque tiende a trabajar desde el interior. Además, no solo humecta la piel ligeramente, sino que la prepara incluso para la aplicación del resto de productos que falten por aplicar del régimen de belleza.

No en vano, muy a menudo los sueros tienden a ser transparentes o translúcidos, ya sea a base de agua, aceite o gel, por lo que es común que sean menos espesos que un humectante. De hecho, por lo general lo más aconsejable es aplicarlos siempre antes de cualquier producto humectante (como por ejemplo sería el caso de la propia crema hidratante), ya que ayudan a retener la humedad.

Por ello, y tal y como coinciden en señalar muchos expertos en belleza, un sérum puede hidratar de manera más efectiva que incluso las cremas hidratantes más pesadas, gracias principalmente a las moléculas de pequeño tamaño que contienen, las cuales son capaces de penetrar verdaderamente en la piel, e hidratarla a un nivel mucho más profundo. Mientras que, las cremas más pesadas, tienden en realidad a asentarse únicamente en las capas más superiores. Eso sí, a diferencia de lo que posiblemente puedas pensar en un primer momento después de leer esto: los sérums hidratantes no pueden ni deben reemplazar necesariamente a la crema hidratante. Al contrario, pueden acabar siendo incluso de enorme utilidad a la hora de aumentar los efectos hidratantes del humectante.

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Principales diferencias entre el sérum y la crema hidratante

Los sérums faciales y las cremas hidratantes (o, en definitiva, cualquier humectante en sí) difieren principalmente tanto en el propósito por el cual son aplicados sobre la piel -es decir, sus beneficios y propiedades- y también en su composición, consistencia, ingredientes y peso.

Como ya te hemos comentado en distintas ocasiones, la función básica de una crema hidratante es la de hidratar la piel, siempre. Los sérums, sin embargo, pueden añadir algo de hidratación suave y ligera, pero pueden ofrecer -además, distintos beneficios adicionales para la piel.

Principales diferencias entre el sérum y la crema hidratante

Por ejemplo, los sérums faciales pueden ser de mucha ayuda a la hora de tratar problemas relacionados con la hiperpigmentación, el acné y las cicatrices, y reducir la flacidez, las líneas finas de expresión, las manchas oscuras o las arrugas. Por otro lado, si bien es cierto que los humectantes pueden contener una serie de ingredientes beneficiosos, se sabe que las lociones y cremas pueden acabar siendo no tan efectivas en la corrección y en el tratamiento de determinados problemas de la piel, como sin embargo sí lo haría un sérum facial.

Esto es debido principalmente a la consistencia del sérum, que por lo general tiende a ser más liviano que los humectantes, de manera que pueden penetrar de forma mucho más profunda en el interior de las diferentes capas de la piel. Además, los sueros contienen ingredientes activos en una concentración sumamente elevada, lo que los convierte en infinitamente más efectivos en el tratamiento de determinados problemas de la piel particulares.

No obstante, la crema hidratante se caracteriza principalmente por ser uno de los productos más pesados de cualquier rutina de cuidado de la piel, cuyo objetivo básico es el de hidratar la epidermis, que como ya te hemos indicado se trata de la capa superior de la piel. En este sentido, tanto las cremas hidratantes en sí como las lociones únicamente actúan en esa capa, mientras que los sueros son perfectamente capaces de alcanzar capas más profundas, actuando de hecho desde el interior. 

También distinguimos ciertas diferencias en la propia composición de ambos productos (esto es, en el listado de ingredientes), ya que por lo general las cremas hidratantes suelen contener ingredientes oclusivos, que aumentan el contenido de agua de la piel al disminuir la evaporación del agua de la superficie cutánea; ingredientes emolientes, que permanecen en el estrato córneo para actuar como lubricantes; así como los propios ingredientes hidratantes, que en ocasiones pueden añadirse a los humectantes para generar un efecto ciertamente especial en la piel, como por ejemplo tratar y mejorar la apariencia de la piel seca o dañada.

En el caso de los sérums faciales, sin embargo, nos encontramos con un producto que contiene una serie de ingredientes activos en concentraciones elevadas, motivo por el cual lo más común es que no contengan tantos ingredientes, pero los que sí aparecen lo hacen de forma bastante alta. De hecho, mientras que los sérums faciales pueden contener ingredientes activos en una concentración de hasta el 70%, en el caso de las cremas hidratantes no alcanzan el 5 o 10%, como mucho.

En lo que se refiere a los ingredientes que encontramos en los sérums, es común encontrar agentes activos como antioxidantes naturales, los cuales suelen venir en forma de ingredientes botánicos (como por ejemplo es el caso del extracto de té verde, extracto de matricaria, extracto de semillas de uva y cualquier otro extracto de origen vegetal), o también en forma de vitaminas (principalmente vitamina C y E), licopeno y resveratrol. Son útiles para combatir las células de la acción negativa de los radicales libres, que actúan dañando y envejeciendo la piel que se forma en nuestra piel a consecuencia de la acción de los rayos ultravioleta, así como otros factores ambientales.

También suele contener retinol, que es un derivado de la vitamina A que ayudan a retrasar el envejecimiento de la piel. Posee una estructura molecular realmente pequeña, lo que significa que puede ser absorbido más profundamente por parte de las diferentes células de la piel donde es capaz de estimular la reconstrucción y producción del colágeno, indispensable para mantener una adecuada estructura de la piel, tensarla y fortalecerla, puesto que este componente esencial cutáneo tiende a disminuir con el paso del tiempo, a medida que envejecemos. Además, estimula la renovación de las células de la piel, actuando como un exfoliante suave.

El ácido hialurónico suele ser otros de los ingredientes básicos en la mayoría de sérums faciales. Se convierte, de hecho, en uno de los ingredientes clave que deberíamos intentar encontrar siempre en este tipo de productos. Es capaz de extraer la humedad del aire y aspirarla para brindársela a las diferentes células de la piel. De esta forma, mientras que los agentes emolientes y los aceites presentes en muchas cremas hidratantes ayudan a sellar la humedad, el ácido hialurónico actúa ayudando a la piel a recuperar la hidratación más esencial del aire. 

A continuación te resumimos las diferencias básicas que encontraremos entre el sérum y la crema hidratante:

  • El sérum facial es un producto con una consistencia liviana y ligera. Menos liviana que un tónico, pero muchísimo más ligera que una crema hidratante. Suele ser a base de agua, aceite o gel, y contiene pequeñas moléculas que favorecen al máximo su penetración más profunda en las diferentes capas de la piel.
  • La crema hidratante, por su consistencia ligeramente más grasa y más pesada, tiende a quedarse en la capa más superior de la piel, donde la hidrata y la humecta al máximo, al retener el agua presente en ella.
  • Los ingredientes activos presentes en la composición del sérum se encuentran en una concentración bastante más elevada, tanto que pueden alcanzar el 70%. En el caso de las cremas hidratantes o cualquier humectante, sin embargo, su concentración suele alcanzar entre el 5 al 10%, como mucho.
  • El sérum facial puede humectar e hidratar la piel ligeramente. Pero nunca debe sustituir la acción de la crema hidratante. Es más, ayuda a preparar la piel para recibir mejor la función del humectante, reforzando aún más si cabe sus diferentes cualidades hidratantes.
  • El suero facial se caracteriza por ser un producto que, aunque completa al máximo cualquier rutina de cuidado de la piel, no es indispensable. No ocurre lo mismo con la crema hidratante, cuyo uso sí es aconsejable diariamente a la hora de mantener la piel debidamente hidratada y humectada.

Por otro lado, recuerda que también encontramos y distinguimos ciertas diferencias en lo que al uso del sérum facial y de la crema hidratante se refiere. Por ejemplo, debido a la consistencia del sérum, debe siempre ser aplicado antes de la crema hidratante, especialmente si el sérum facial es a base de agua o en forma de gel. Sin embargo, si es a base de aceite lo más recomendable es optar por incluirlo después del humectante.

A la hora de elegir la crema hidratante o el sérum también encontramos ciertas diferencias que es necesario reseñarlas, especialmente si en estos momentos tienes la idea de intentar encontrar un suero o un humectante más adecuado para tu tipo de piel:

  • Cómo encontrar tu sérum facial. Si bien es cierto que la mayoría de los ingredientes activos que encontramos en cualquier suero facial proporcionarán beneficios de alto rendimiento y alto impacto en nuestra piel, también es esencial escoger siempre aquel de acuerdo a las necesidades propias que tenga nuestra piel, o los resultados que deseamos conseguir con el mismo. Por ejemplo, si tenemos la piel seca o envejecida, lo más importante es que el sérum contenga ácido hialurónico como un ingrediente activo principal. Si tu piel es madura, o deseas reducir y prevenir la aparición del envejecimiento prematuro, lo ideal es optar por un suero con dosis elevadas de retinol, que como te hemos explicado, se convierte en el agente antienvejecimiento más recomendado por los expertos de belleza y dermatólogos. Mientras que si lo que deseas es reducir las ojeras y las bolsas bajo los ojos, las manchas solares, las manchas de la edad… e iluminar la piel, la vitamina C se convierte en el ingrediente estrella en este sentido, puesto que brinda cualidades antioxidantes útiles a la hora de revertir el daño solar, unificar el tono e iluminar la piel.
  • Cómo encontrar tu crema hidratante. Como ocurre con el sérum facial, es esencial prestar especial atención a los cinco primeros ingredientes que encontramos en la lista de ingredientes. Entre ellos debemos buscar la presencia de lanolina, vaselina o glicerina. También es ideal optar por una crema “no comedogénica”, lo que significa que no obstruirá los poros, reduciendo por tanto el riesgo a la hora de que se puedan formar brotes. Aunque todo dependerá de tu tipo de piel: en caso de tener la piel grasa, lo mejor es optar por cremas hidratantes ligeras (y sin aceite); si tienes la piel mixta opta por una crema hidratante más ligera para todo el rostro y optar por una más espesa para las áreas de la piel más secas; y si tienes la piel seca optar por una crema mucho más rica y pesada. Eso sí, a la hora de incluir la crema hidratante en la rutina de cuidado de la piel nocturna, muchos expertos aconsejan optar directamente por una crema hidratante con retinol, y utilizarla antes de acostarnos, para ayudar a que las células cutáneas se renueven durante la noche.

Y en el caso de los aceites faciales, ¿qué diferencias existen con el sérum?

Especialmente cuando nos encontramos ante un sérum facial con una base oleosa, es normal que nos preguntemos si en realidad presenta alguna diferencia concreta si lo comparamos con el aceite facial. Pero lo cierto es que, aunque en un primer momento compartan ciertos parecidos en lo que su apariencia y / o textura se refiere, la realidad es que -evidentemente- son productos diferentes.

En el caso del aceite facial nos encontramos ante un producto principalmente destinado a retener la humedad y todos los demás ingredientes beneficiosos que hayamos podido proporcionar a la piel con anterioridad (como los sérums y la propia crema hidratante), motivo por el cual el aceite siempre debe convertirse en el paso final de cualquier rutina de cuidado de la piel. En su mayoría, en su formulación contienen una combinación de aceites botánicos ricos en antioxidantes naturales, ácidos grasos y nutrientes, útiles para nutrir y proteger la piel. De hecho, una de las principales funciones del aceite facial es asentarse sobre la piel, pero sin penetrar en ella.

Por tanto, no olvides que a diferencia del sérum facial, el aceite facial debe ser incluido en tu rutina de cuidado de la piel al final, justo después de la aplicación de la crema hidratante. A no ser que el aceite contenga algún tipo de ingrediente específico y concentrado (como por ejemplo podría ser el caso de una combinación de retinoides). En caso de ser así, la única excepción a la regla es aplicarlo debajo de la crema hidratante más pesada; esto es, antes de la crema hidratante, pero solo en este caso particular.

Usos de la crema tópica

Por qué necesitamos una crema hidratante y un sérum facial

Aunque no lo creas, todos los tipos de piel pueden beneficiarse del uso de una crema hidratante, gracias principalmente a sus cualidades humectantes, independientemente de que tengan la piel seca o grasa. En el caso de las personas con la piel seca, por ejemplo, utilizar una buena crema hidratante puede acabar siendo de muchísima ayuda a la hora de reducir al máximo la formación de dolorosas grietas y escamas.

¿Y en el caso de las personas con piel grasa? ¿No tienen suficiente con esa sobreproducción de sebo o aceite que tanto las caracteriza? Aunque en un primer momento es posible pensar que sí, la realidad es que la piel grasa también necesita y precisa de cierto aporte e hidratación. De hecho, aunque las personas con este tipo de pueden incluso tender a evitar las cremas hidratantes, la realidad es que esto puede acabar siendo contraproducente. ¿Por qué? Fundamentalmente porque la piel tratará de compensar en exceso esa falta de humedad produciendo todavía una mayor cantidad de aceite. Y el resultado será el más evidente: los síntomas asociados a la piel grasa aumentarán, debido principalmente a que la sobreproducción de grasa es todavía mucho mayor que antes.

Debemos tener en cuenta que, a lo largo del día, a consecuencia de diferentes factores ambientales, nuestra piel tiende a perder humedad. Por lo que una crema hidratante es fundamental a la hora de reponer esa humedad perdida y mantenerla debida y adecuadamente hidratada

También es necesario destacar que, a medida que vamos cumpliendo años y envejecemos, nuestra piel pierde glándulas productoras de grasa. Por este motivo es común que las pieles más maduras y envejecidas tiendan a tener una piel más seca y mucho más propensa a la irritación y al daño. Las cremas hidratantes son sumamente interesantes en este aspecto porque pueden ayudar a revertir el proceso, gracias a que son capaces de bloquear el agua y reponer, además, la barrera cutánea protectora.

Ahora nos encontramos con el sérum facial. Un producto, como opinan muchos expertos en belleza, que no es tan indispensable en el cuidado de la piel como por ejemplo sí ocurre con la crema hidratante. Pero el hecho de que no sea indispensable no significa que a usarlo no proporcione beneficios y cualidades interesantes. De hecho, el suero facial completa al máximo cualquier rutina de cuidado de la piel, gracias principalmente a que contiene -en altas concentraciones- una serie de ingredientes activos que, como hemos visto, ayudan muchísimo a la hora de tratar determinados problemas cutáneos (o incluso prevenirlos). 

Por tanto, siempre que sea posible añadir un suero facial al régimen de belleza, no hay duda que nos encontramos ante una opción tan útil como interesante, especialmente si lo integramos en él y lo aplicamos sobre todo en el momento más adecuado, recomendado y oportuno.

En resumidas cuentas, mientras que el humectante ayuda a mejorar la barrera lipídica natural de la piel y retiene los nutrientes hidratando la piel activamente y reteniendo la humedad presente en ella (por ese motivo es tan adecuada cuando tenemos la piel seca), el sérum es generalmente más denso en nutrientes, los cuales mejoran la eficacia del humectante -o crema hidratante- y además son útiles para abordar distintos problemas específicos de la piel.

Cómo escoger una crema hidratante y un sérum facial adecuados

Como veremos a continuación, especialmente en el apartado de ‘ingredientes’ en el que analizaremos la formulación común de algunas cremas hidratantes y sérums, a la hora de escoger 

Ingredientes que encontramos en las cremas hidratantes vs sérums faciales

La mayor parte de las cremas hidratantes contienen en la mayoría de las ocasiones un total de tres tipos de ingredientes fundamentales, que son los que en definitiva brindan la mayor parte de sus cualidades:

  • Ingredientes humectantes. Es el caso de la glicerina, el ácido hialurónico y el propilenglicol. Efectivamente, algunas cremas hidratantes -al igual que los sérums- también pueden contener ácido hialurónico, aunque como es lógico suponer, siempre en una concentración más baja, para nada comparable con los sueros faciales. La glicerina pasa a convertirse en uno de los ingredientes humectantes más comunes, ya que ayuda a mantener la piel debidamente hidratada al absorber el agua presente en el aire y de las capas inferiores de la piel, ayudando a que la capa superior no se seque.
  • Ingredientes emolientes. Como la manteca de cacao, la manteca de karité o el octildodecanol. Son ingredientes útiles que, en las cremas hidratantes, proporcionan la cualidad de llenar o rellenar cualquier grieta presente en la epidermis, actuando con la finalidad de sellar la humedad. En el caso particular de la manteca de karité nos encontramos ante un ingrediente cien por cien natural que proviene de la semillas de los árboles de karité, y actúa como emoliente que mantiene la humedad contenida a la vez que suaviza la piel. Es útil para rellenar las grietas de la piel, pudiendo ayudar a curar una barrera cutánea que se ha visto dañada, así como ocultar determinadas imperfecciones para conseguir que la piel luzca y se vea mucho más joven. También es útil a la hora de aliviar a aliviar algunos síntomas inflamatorios como por ejemplo es el caso de la hinchazón o el enrojecimiento al disminuir o ralentizar la producción de células inflamatorias.
  • Ingredientes oclusivos. Incluyen ingredientes como la lanolina, el alcohol cetílico o la vaselina. Todos ellos actúan formando una barrera protectora sobre la piel, con la finalidad de reducir al máximo que la humedad se pierda. La vaselina, por otro lado, consiste en un ingrediente oclusivo que actúa creando una capa protectora sobre la piel, evitando por tanto que el agua pueda evaporarse con tanta facilidad. Es, de acuerdo a los expertos, uno de los oclusivos pas eficaces a la hora de sellar y retener la humedad.

Tal y como aconsejan y recomiendan muchos expertos, utilizar una crema hidratante que contenga vaselina y glicerina como ingredientes principales ayudará a extraer el agua y luego sellarla en las capas superiores e inferiores de la piel. Alternativamente, es posible utilizar simplemente una pomada a base de vaselina pura inmediatamente después de la ducha, con la finalidad de retener la humedad adicional al máximo. 

En el caso de los serúms faciales, sin embargo, dada su textura y consistencia es tremendamente habitual que, en la mayoría de las ocasiones, tiendan a compartir pocos o ningún ingrediente cuando los comparamos con la formulación de muchas cremas hidratantes o humectantes. A continuación te explicamos cuáles son los ingredientes comúnmente más habituales que encontrarás en el listado de ingredientes de la mayoría de los sueros:

  • Vitamina C. Ha sido señalada por los expertos como uno de los ingredientes activos más destacados e importantes a la hora de proporcionar a la piel diferentes nutrientes con cualidades antioxidantes y antienvejecimiento. Por ejemplo, no solo reduce la acción nociva de los radicales libres; también es capaz de estimular la producción de colágeno y mejorar la inmunidad natural de la piel, con lo que se consigue reducir cualquier problema relacionado con la hiperpigmentación. Se convierte, por tanto, en un ingrediente clave y esencial que deberíamos añadir siempre a nuestra piel, de forma regular.
  • Ácido hialurónico. Ayuda a mejorar la capacidad de la piel con la finalidad de retener la humedad de manera más eficaz. De hecho, los sérums que contienen ácido hialurónico como ingrediente principal (esto es, en una elevada concentración) son ideales a la hora de estimular la hidratación de la piel.
  • Vitamina E. Se convierte en otro ingrediente esencial con claras cualidades antioxidantes. Pero, además, también actúa como un hidratante suave, muy útil por tanto cuando lo encontramos en la formulación de un sérum conjuntamente con la vitamina C, ya que ambos funcionan muy bien incluso cuando los encontramos juntos en una misma fórmula.
  • Extracto de té verde. Es un ingrediente activo muy interesante porque brinda cualidades antioxidantes, además de actuar como un poderoso antiinflamatorio natural. Es ideal, por ejemplo, a la hora de brindar un beneficio real a la piel envejecida.
  • Retinol. Se trata de un derivado de la vitamina A el cual es comúnmente utilizado por la mayoría de los dermatólogos como ingrediente antienvejecimiento al estimular la reconstrucción del colágeno y el crecimiento acelerado de las células de la piel, así como su propia renovación natural.
  • Otros antioxidantes naturales. Además de la vitamina C o el extracto de té, también debemos mencionar la presencia de otros ingredientes con claras cualidades antioxidantes, útiles para combatir los radicales libres que tienden a envejecer nuestra piel, y que se producen en grandes cantidades como consecuencia de la exposición al sol y otros factores ambientales. Es el caso del extracto de café, extracto de matricaria, extracto de semilla de uva, la propia vitamina E, el licopeno o el resveratrol.

Por otro lado, en lo que se refiere al sérum facial, es necesario tener en cuenta que existen diferentes tipos de acuerdo a su consistencia y textura. Si bien es cierto que todos los tónicos faciales suelen ser muy líquidos, gracias a su base en agua, en el caso de los sérums podemos encontrarnos con distintos tipos en función básicamente de su consistencia.

No hay duda que uno de los más populares y característicos es el sérum oleoso, dado que se caracteriza por ser uno de los más simples y sencillos de formular. Generalmente contiene una base de aceites portadores especializados capaces de absorberse rápidamente, los cuales no solo proporcionan cualidades hidratantes y reparadoras de la barrera cutánea, sino que también contienen una serie de nutrientes únicos como ácidos grasos esenciales y polifenoles, entre otros. Además, al no contener agua no necesita ningún tipo de conservante, aunque sí es común encontrarlo repleto de antioxidantes.

El sérum en gel proporciona una sensación típica de “estiramiento” en la piel justo desde el mismo momento en que lo aplicamos. Suelen contener una enorme cantidad de diferentes extractos botánicos a base de agua, y aunque son transparentes algunos pueden contener extractos coloridos y polvos botánicos coloridos en su formulación.

El sérum a base de agua se caracteriza por ser también uno de los más conocidos, aunque en formulación son similares a los sérums en gel. Contienen extractos botánicos hidrófilos de alto rendimiento que luego pueden quedar “atrapados” en la piel, ya sea debajo de una loción o crema. Se convierte de hecho en una de las mejores opciones a la hora de fomentar -y conseguir- una mayor penetración de los ingredientes, gracias a su textura y a su formulación a base de moléculas de pequeño tamaño. También suele contener una base de ingredientes a base de agua, como los hidrosoles, que pueden ejercer cualidades calmantes, equilibrantes y tonificantes.

El sérum de emulsión es un humectante que proporciona ingredientes de alto rendimiento a la piel, además de actuar con la finalidad de fortalecer la función de barrera cutánea. Suelen tener un potencial mayor a la hora de brindar ingredientes activos de alto rendimiento en lo más profundo de los tejidos de la piel, llegando incluso a la dermis a la vez que fortalece la función de barrera.

Y por último nos encontramos con los sérums en forma de bálsamo, que consiste en una especie de sérum prensado el cual contiene una base de bálsamo tradicional, consistente en manteca, ceras y aceites, pero que a su vez también contiene distintos ingredientes activos solubles en aceite que proporcionan cualidades interesantes.

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