Descubre porqué hay errores que repites en tu trading


Hay una tendencia entre los jugadores de poker a equiparar el valor de sus decisiones con el valor de sus resultados. Si el resultado es favorable consideran la decisión acertada pero si es negativo consideran que la decisión ha sido errónea. Tienen incluso una palabra para esa tendencia, la llaman “Resulting”, que traducido sería algo así como “Resultante” u orientado a resultados.

¿Te suena? ¿Es posible que como trader tengas la tendencia a equiparar el valor de tus decisiones con el de sus resultados? Eso sería peligroso ¿verdad? Puede perfectamente ser que una buena decisión termine en un  mal resultado, y que una decisión pésima te haga ganar dinero, pero así funciona nuestra mente y es bueno tenerlo claro.

En esta ocasión quiero que reflexionemos sobre algunos de los sistemas con el que nuestra mente protege nuestra historia personal. 

Tal como relata Annie Duker, en el excelente libro “Thinking in Bets” es habitual que los jugadores de poker más veteranos adviertan a los que están comenzando sobre el peligro de esta tendencia, previniendo sobre la tentación de cambiar de estrategia porque algunas manos no finalizan como uno querría en el corto plazo. ¿Te suena que puedas sufrir esta tentación como trader? ¿Podrías haber sentido la tentación de cambiar de sistema de trading tras encadenar algunas operaciones perdedoras?

Annie ha dedicado su vida al estudio de la toma de decisiones bajo presión y su trayectoria es muy interesante porque ella estudió psicología en la universidad de Pensilvania, pero también formó parte del circuito profesional de poker ganando más de 4M de dólares en torneos.

Al hablar del Resulting lo que dice es que “Es un patrón de pensamiento habitual que nos afecta a todas las personas”. Explica que esto es muy evidente cuando tiene alguna sesión de trabajo con altos directivos de empresa y les pide que compartan algunas de los mejores y de las peores decisiones que hayan tomado durante el año anterior. Dice que aún no ha encontrado a nadie que no ponga como ejemplo sus mejores y sus peores resultados, en vez de sus mejores o peores decisiones.

Hemos evolucionado para ver el mundo como un lugar predecible y controlado en vez de como un entorno caótico y desordenado. Seguramente esta capacidad nos da alguna ventaja adaptativa y se puede explicar desde la psicología evolutiva, y, aunque somos conscientes del papel que juega la suerte en nuestras vidas, y podemos entenderlo desde la razón, de alguna forma parece que nos resistimos a aceptar que, a pesar de nuestros mejores esfuerzos las cosas puede que no funcionen tal como deseamos.

Colin Camerer, profesor de economía conductual en Caltech, California Institute of Technology, y experto en neuro economía y teoría de juegos, explica que muchos de nuestros sesgos cognitivos se deben a una falta de capacidad computacional de nuestro neocórtex, la estructura de nuestro cerebro encargada de la toma de decisiones deliberadas.

Si sigues mis vídeos recordarás que en más de una ocasión hemos hablado del Sistema 1 y del Sistema 2, el modelo que propone Daniel Kahneman, el neuroeconomista y ganador de un Premio Nobel, para explicar nuestras decisiones. Hemos dicho que el Sistema 1 es un tipo de pensamiento que activamos con mucha rapidez y que se encarga de facilitar la toma de decisiones veloces e intuitivas, y que el Sistema 2 es más lento de activar y más costoso a nivel metabólico y que puede manejar las decisiones más reflexivas y complejas.

Pues bien, resulta que cuando queremos decidir de forma reflexiva y activar el sistema 2 debemos realizar las operaciones en una fina capa de neuronas en nuestro córtex prefrontal, y esta estructura tienen una capacidad de computación limitada, de hecho muy limitada. Colin Camerer comenta que la mayoría de nuestras decisiones no podemos dejarlas en manos del sistema 2, pero no porque no queramos, o porque no tengamos fuerza de voluntad, sino más bien porque la capacidad de realizar juicios deliberativos, racionales y sosegados ya está ocupada y no tenemos la opción de trasladar esta función a otras partes del cerebro.

En este punto puede ser bueno recordar que nuestro neocórtex es la estructura que nos permite diferenciarnos a nivel cognitivo respecto de los demás animales, y que el desarrollo que presenta nuestra especie en esa área nos es exclusiva y única. Vamos, que es esa fina capa de neuronas la que nos permite enviar objetos a Marte, y disfrutar de unas sinfonía, pero que en realidad es muy pequeña y tiene una capacidad de computación realmente limitada.

Eso nos obliga a utilizar atajos cognitivos es decir, formas más sencillas de tomar decisiones, En vez de ponderar toda la información y analizar las consecuencias de todos nuestros pasos, optamos por activar el Sistema 1 y buscar una forma rápida de decidir.

De hecho, muchos de los errores que cometemos como traders se deben a la presión del sistema reflexivo, el Sistema 2, para hacer su trabajo de forma rápida y automática. Cuando le dices: “¿Debo entrar aquí? ¿Tengo confirmación? ¿Me espero o participo?” le estás poniendo entre la espada y la pared, y en estas circunstancias tirará de atajos que pueden ir en contra de tu mejor interés.

Pero la clave no está en cambiar la forma como trabaja nuestro cerebro sino más bien en encontrar la forma de funcionar dentro de los límites que este tiene. 

Tener todo esto en cuenta es muy útil como trader. Te permite, por ejemplo, analizar los errores que cometes y entender porque te aferras a una decisión aunque resulte errónea. Si has decidido que el mercado está en tendencia bajista y que debes buscar cortos, pero resulta que el mercado está girando o está lateralizando, tu juicio, tu opinión sobre el mercado, el hecho de que te hayas inclinado por la creencia de que el mercado está en tendencia bajista, interferirá en tu capacidad de ver lo que realmente está pasando.

Nos cuesta mucho dejar a un lado nuestras opiniones sobre las cosas para quedarnos solamente con los hechos. Por eso Milenio parte del anclaje del precio. Al establecer referencias objetivas simplificamos nuestro trabajo. No hace falta que nos empeñemos en determinar si la tendencia es alcista o bajista, porque podemos establecer referencias que no dan pie a la duda. El precio está cotizando por debajo del precio de abertura de su sesión, el precio está dentro del rango de abertura, el precio está por encima del cierre cash. Estas referencias simplifican el trabajo al minimizar las opiniones. 

Como comenta Daniel Kahneman, todos queremos pensar bien de nosotros mismos y tener una buena autoimagen. Eso es importante para funcionar con normalidad. Queremos sentir que la narrativa de nuestra historia personal, lo que nos contamos de nosotros mismos, es positiva, y equivocarse no es algo que encaje con esa imagen que deseamos. 

Lo que suele suceder es que, si pensamos en nuestras decisiones como que son un 100% acertadas o un 100% equivocadas, cuando encontramos nueva información que contradice nuestras creencias, tenemos dos opciones: a) generamos un cambio descomunal en la opinión que tenemos de nosotros mismos, y pasar de un 100% acertado a un 100% equivocado, o b) ignorar la información que contradice nuestras creencias. 

Es decir, si crees que el mercado está en tendencia bajista, tomas un corto y el precio gira en tu contra y te saca con una pérdida, podrías caer en la tentación de negar la información que contradice tu juicio para seguir creyendo que está en tendencia bajista, ya que en caso contrario tendrías que aceptar que te has equivocado en tu juicio y eso iría en contra de tu autoimagen.

Tomar otros cortos en ese escenarios es un mecanismo para preservar la imagen que tienes de ti mismo, aunque te cueste muy caro.

Para añadir leña al fuego debes tener en cuenta que cuanto más listo seas, cuanto más creativo e ingenioso, más argumentos encontrarás para mantener una narrativa que preserve tu autoimagen, obviando los datos que contradigan tus opiniones, o reencuadrándolos para que encajen en tus juicios previos. ¿Ves la perversión?

En el año 2012, los psicólogos Richard West, Russell Meserve y Keith Stanovich testearon estos puntos ciegos cognitivos y determinaron que eran tanto peores cuanto más inteligentes eran los sujetos de estudio. De hecho, en sus investigaciones determinaron que “el hecho de ser consciente de estos sesgos no nos permite librarnos de ellos”.

En ese caso te puedes preguntar porqué te hablo de ellos, al fin y al cabo poco puedes hacer para no ser víctima de tu mente. Si lo haces, si me preguntas, te diré que prefiero saber cómo funciona mi mente aunque no pueda cambiarla que cometer errores y no comprender porqué los cometo. Ahora si cometo este tipo de sesgos no siento la necesidad de defenderme porque soy consciente de las limitantes de mi cerebro.

Annie Duke nos hace una recomendación en este sentido y nos sugiere que nos iría mucho mejor si, en vez de tomar decisiones en función de la confianza que tenemos en nuestras creencias, tuviéramos en consideración la confianza que tenemos en nosotros mismos. Si en vez de pensar en términos absolutos del tipo: Tengo confianza, o no tengo confianza, pensáramos en términos relativos y consideramos toda la escala de grises entre el negro y el blanco. 

Lo que nos dice es que probemos a añadir, a la certeza que tenemos sobre nuestras opiniones, una puntuación sobre el nivel de confianza en la precisión de nuestra opinión en una escala del cero al diez. 

De esta manera, en vez de tener que pasar de estar un 100% seguros a un 100% equivocados, podríamos movernos con mayor facilidad. En vez de operar porque pensamos que nuestro análisis es correcto y que el mercado está en tendencia bajista, podemos establecer un porcentaje de fiabilidad en esa opinión sobre el mercado. “Estoy un 65% seguro de que el mercado se moverá a la baja”, nos permite preservar la opinión sobre nosotros mismos. Pasar de un 65% de seguridad a un 55% o a un 70% es mucho más sencillo que renunciar al 100% de seguridad. 

Si hacemos eso ya no podremos en juego nuestro relato personal de personas inteligentes, educadas y fiables. Al incorporar porcentajes en la expresión de nuestras opiniones sobre el mercado nuestro relato personal ya no pivota sobre si estamos acertados o equivocados, sino sobre qué tal somos capaces de incorporar nueva información para estimar la precisión de nuestras creencias.



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