5 malos hábitos que pueden derivar en molestias musculares


Según estudios anatómicos humanos, nuestro cuerpo está compuesto por, al menos, 650 músculos que se encargan de realizar todos nuestros movimientos, ya sean voluntarios o involuntarios (viscerales).

Desde el bombeo de sangre al corazón, pasando por la captación de aire y la adopción de posturas en un espacio tridimensional, está claro que la musculatura juega un papel esencial en nuestras vidas, tanto a nivel de especie como de individuos.

Por desgracia, en una sociedad cada vez más ajetreada y a la vez sedentaria, muchos tenemos un estilo de vida y una rutina que no favorecen precisamente el desarrollo y el bienestar muscular. Continúa leyendo, pues hoy te presentamos 5 malos hábitos que pueden derivar en molestias musculares.

El dolor muscular: más común de lo que piensas

Para contextualizar la importancia de los consejos que te vamos a mostrar en las siguientes líneas, es necesario que antes revisemos la situación de los trastornos musculoesqueléticos en la sociedad. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y otras fuentes nos ayudan a ello con los siguientes datos:

  • Los trastornos musculoesqueléticos son las afecciones laborales más comunes en toda europa. Un 22,8% de los trabajadores europeos se quejan de dolor muscular.
  • Los trastornos musculoesqueléticos son la principal causa de discapacidad en todo el mundo.
  • Se dan en hasta la mitad de los casos de multimorbilidad, es decir, pacientes que presentan más de una enfermedad crónica a la vez.
  • Representan la proporción más elevada de afecciones dolorosas persistentes distintas del cáncer.

Como podemos observar, el dolor en el sistema óseo y muscular va mucho más allá de un pequeño malestar al cambiar de postura: muchas personas se ven incapacitadas por este tipo de trastornos, que además de limitar la movilidad del paciente, promueven estados emocionales alterados como la depresión. Desde luego, con más de 150 diagnósticos posibles para el sistema locomotor, está claro que las enfermedades musculares están a la orden del día.

Hábitos a evitar para preservar la salud muscular

Una vez hemos contextualizado todo este conglomerado terminológico, es hora de que abordemos sin más preámbulos los 5 malos hábitos que pueden derivar en molestias musculares.

5. Una dieta deficiente

Los electrolitos son minerales que tienen una carga eléctrica. Entre ellos encontramos al sodio, potasio, calcio, cloruro, magnesio y otros muchos. Estas sustancias, además de otras muchas más funciones, ayudan a regular el equilibrio de tejidos nerviosos y musculares.

La ingesta anormalmente baja de calcio o potasio puede generar un desequilibrio, el cual se traduce en malestares musculares. Además de esto, una falta de agua corporal por procesos tales como diarreas, vómitos y otros signos de índole infecciosa, puede causar desequilibrios homeostáticos en el individuo que se traducen en fatiga, espasmos musculares, entumecimiento y cambios en la presión arterial.

La clave radica en consumir una dieta balanceada y equilibrada, y sobre todo, en ingerir mucha agua cuando tenemos una infección gastrointestinal o que implique una pérdida constante de líquidos. Si bien es difícil llegar a un desequilibrio electrolítico que se traduzca en malestar muscular (suele darse en personas con alguna enfermedad subyacente), nunca está de más vigilar qué comemos y cómo lo hacemos.

Dieta músculos

4. Sobrecarga muscular

Las sobrecargas musculares son contracciones que se dan de forma involuntaria y continua sobre las fibras musculares. Entre sus síntomas se encuentra la pesadez y falta de velocidad al realizar ciertos movimientos, un intenso dolor en el músculo afectado y un aumento de tono en el área muscular contraída.

Desde luego, por positivo que sea hacer ejercicio de forma autónoma, un mal hábito que puede llevar a esta afección es hacer actividades intensas sin calentamiento o formación previa. A veces queremos llevar a nuestro cuerpo más allá de sus límites fisiológicos en pos de un ideal estético, y esto se puede pagar caro a largo plazo. A la hora de sumergirse en el mundo del ejercicio intenso, un profesional que acompañe al atleta está siempre recomendado para evitar este tipo de sucesos.

3. Malas posturas

El dolor de espalda con el que casi todos estamos familiarizados también tiene un componente muscular, pues más allá de problemas discales o ligamentos óseos, los músculos asociados contraídos son un motivo directo de dolor.

Por ejemplo, los pacientes con músculos isquiotibiales contraídos (situados en la parte posterior de los muslos) suelen desarrollar lumbalgias. Desde luego, el dolor de espalda es un problema extremadamente común, pues del 70% al 80% de los adultos de todo el mundo afirman haberlo sufrido en algún momento.

Además de otros factores no tan relacionados directamente con el equilibrio postural como el sedentarismo, la obesidad o el tabaquismo, está claro que no posicionarnos correctamente en el espacio tridimensional genera sobrecargas musculares innecesarias, las cuales se pueden traducir en dolores lumbares.

Para atajar este problema lo mejor es informarse por un profesional acerca de los cambios posturales y ejercicios pertinentes para cada paciente, pues no es lo mismo trabajar en una obra que permanecer sentado frente a un ordenador ocho horas al día. En general, suele ser buena idea cambiar de posturas cada ciertos períodos (realizar estiramientos cada hora) y mantener siempre la espalda lo más recta posible, pero como decimos, cada ejercicio debe vincularse con el caso concreto del paciente.

Postura músculos

2. Consumo de alcohol y otras drogas

La resaca es un concepto con el que casi todos estamos familiarizados, pero los dolores musculares que se experimentan durante este proceso no se deben únicamente a movimientos desenfrenados durante una noche de fiesta.

Las sustancias residuales que se generan el proceso de obtención del alcohol, tales como el metanol, la histamina, el acetaldehído, diversos polifenoles y otras sustancias ponzoñosas causan la sintomatología de una resaca típica, y entre sus signos se encuentran los calambres y dolores musculares. Además, la degradación del alcohol en nuestro cuerpo produce deshidratación, lo que también fomenta la molestia en los músculos.

Ni qué decir del consumo de otras drogas como la cocaína, que puede producir rabdomiólisis, una enfermedad caracterizada por la necrosis muscular. Además de espasmos, vértigo y mareos, el 24 % de los adictos a la cocaína terminan desarrollando esta condición caracterizada por un daño muscular grave.

1. Estrés y gestión emocional deficiente

La tensión muscular está completamente relacionada a eventos de estrés, pues se trata de un mecanismo fisiológico primario de defensa en nuestra especie. La liberación de cortisol y adrenalina (hormonas) promueve la hiperactivación de ciertas áreas cerebrales, lo que se traduce en una mayor atención, estado de alerta, aumento del pulso y de la tensión muscular.

Esto no es inherentemente malo en un episodio agudo, pues estar preparados para lo peor nos previene de muchas amenazas. El problema llega cuando esto se cronifica, y los músculos mandibulares, del cuello y de la espalda permanecen tensos durante largos periodos sin una razón fisiológica clara.

Más allá de lo que podamos creer, el estrés no solo genera dolores musculares, sino que también puede afectar a las zonas que se ven sometidas a sus fuerzas. Por ejemplo, las cefaleas tensionales (tipo de dolor de cabeza) se producen cuando los músculos del cuello y del cuero cabelludo se encuentran contraídos. Naturalmente, esto se traduce en intensos dolores de cabeza. Por otro lado, los trastornos de los músculos y la articulación temporomandibular (trastornos de la ATM) pueden provocar dolor de oído, de cabeza o dental.

En resumen, está claro que el estrés genera malestar muscular, pero más allá de eso, también produce dolores y signos claros en las estructuras que se asocian a estos músculos continuamente contraídos. El manejo del estrés no siempre es una cuestión sencilla, por lo que limitar los consejos a “respira hondo” o “relájate” resulta más carente de significado que otra cosa. Para el manejo del estrés crónico se requiere de la ayuda de un especialista, el cual promoverá una terapia específica en cada caso, que puede ser complementada (o no) con fármacos específicos.

Estrés músculos

Resumen

Como hemos podido ver, algunos de los malos hábitos que pueden derivar en molestias musculares encuentran sus motivos en una dieta deficiente o ingesta de alcohol, otros en malas posturas y sobrecargas, y otros simplemente por el ajetreado ritmo de vida que caracteriza a la sociedad actual.

De todas formas, una cosa nos queda clara: normalizar los dolores musculares nunca es una buena idea. Hay gente que se acostumbra a este malestar hasta que se vuelve inaguantable, y por ello, la mejor opción es siempre atajar este tipo de dolores cuando se encuentran en estadios tempranos, ya sea con ayuda fisioterapéutica, psicológica o ambas.

Referencias bibliográficas

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